16 jun 2012

COMERCIO PELIGROSO.

Por: Manuel Acuña Asenjo - Estocolmo, 7 de octubre de 2003.
La vida importa riesgos de naturaleza diversa; su dimensión es proporcional a aquellos. Enfermedades, accidentes, guerras, catástrofes naturales, agresiones particulares, son algunos de los factores constitutivos de tales riesgos que, paradojalmente, no atacan con la misma intensidad a todos los seres humanos.
Y no es que las desgracias se hayan repartido sobre la tierra siguiendo una proporción armónica a los ciclos naturales. Es la acción consciente y deliberada de los seres humanos lo que conduce a ese derrotero. La condición social de unos no es la misma de otros: hay quienes se protegen de esos riesgos porque pueden hacerlo, en tanto existen algunos –los más- que no solamente carecen de protección sino, por las circunstancias, se ven obligados a acelerar su muerte o a mutilar su cuerpo para que esos otros puedan vivir.
El sistema sueco de salud es uno de los mejores del mundo. No hay lugar a dudas. Pero cuando ese sistema trata de resolver casos clínicos de difícil solución no se diferencia de los que existen en otras latitudes. La situación antes descrita se presenta respecto al trasplante de órganos.

El banco sueco de órganos es precario. No siempre sus productos se encuentran a disposición del usuario. Son escasos; la demanda es, siempre, superior a la oferta. Y es que los accidentes, los suicidios, en general, las muertes violentas o desgracias que permiten la recolección y el consiguiente incremento de órganos de repuesto no se suceden con la frecuencia que deberían hacerlo para atender tan urgentes requerimientos. Entonces, se hacen presentes mezquinas alternativas para el enfermo que se encuentra en lista de espera. Una de ellas lo obliga a esperar pacientemente que el deceso del eventual donante se produzca, ya sea en un choque de vehículos, en una riña callejera, de una enfermedad súbita, en fin; la otra le conduce a procurarse la salud por otros medios. La primera de esas alternativas no siempre es posible tolerarla: por regla general, el cuerpo no espera los sucesos del mañana ni al donante eventual, se deteriora más aún, el paciente se agrava, el riesgo de la muerte se vuelve más próximo. Las alternativas se reducen, de esa manera, a una: procurarse la salud por otros medios lo que no significa sino a recurrir a soluciones que se encuentran más allá de los límites que ofrece el sistema. Es el mercado negro de órganos humanos y operaciones en otras regiones del globo.

Las estadísticas de septiembre recién pasado revelan un creciente aumento en el número de suecos que ha empezado a optar por la vía de resolver sus problemas de salud en forma particular. Cansados de esperar, apremiados por el agravamiento de la salud, han comenzado a ponerse algunos en contacto con algunos comerciantes del exterior a fin de obtener el órgano que necesitan; otros, optan por viajar al extranjero para operarse allí directamente. Destacan en la prestación de esos servicios Turquía, Polonia, Rumania, entre otros países, donde la miseria mantiene constante sus niveles. Los europeos no necesitan realizar largos viajes para procurarse en otras naciones los productos que requieren; si éstas no existiesen se verían obligados a emprender vuelo hacia países tan distantes como lo son los de Asia, Africa o Latinamérica.

El trasplante de riñón es la más frecuente de las intervenciones quirúrgicas. Y es una de las pocas operaciones en donde no se espera el deceso del donante para realizar el trasplante sino se efectúa en vida de éste, toda vez que cada persona posee dos riñones y al cuerpo le basta sólo uno para funcionar. Es, quizás, por eso, donde se retrata con mayor finalidad la tragedia del pobre que se automutila por razones económicas.

La operación mercantil que pone a disposición del usuario el órgano requerido se realiza de acuerdo a las normas del mercado. Un sujeto, el ‘corredor de órganos’, representa al vendedor; pero entre éste y aquel se extiende, a menudo, una larga cadena de intermediarios. El valor de un riñón se tasa hoy, a precio de mercado, en Europa, a un millón de coronas lo que equivale a unos 140 mil dólares. El donante o vendedor del riñón, el que se desprende de su órgano, recibe tan sólo veinte mil coronas cuyo equivalente es, aproximadamente, 2.800 dólares. El resto se reparte en la cadena de intermadiarios recibiendo el ‘corredor’ la parte más alta. Así, al mercado del trabajo, forma normal de vida del ser humano bajo el modo de producción capitalista, se agrega este nuevo mercado que de manera irregular ha venido funcionando desde la década de los años 70, junto al mercado de las armas, de las drogas, de la trata de blancas y el de menores en adopción. La venta de la fuerza de trabajo se completa así con la venta del tejido corporal, con la mutilación de sí mismo, con la venta de los propios despojos biológicos, para equilibrar el desnivel que en cada hogar proletario acusa el costo del diario sustento del pobre y de su grupo familiar.

En la década de los años 80 y en plena dictadura militar, fue frecuente encontrar en Chile, en los centros asistenciales, a numerosos pobladores y gentes de ingresos medianos que concurrían hasta esos lugares a vender su sangre. Obligados por la dramática situación económica a ir a esos centros hasta una vez por semana, se desmayaban muchos de ellos por el esfuerzo y la debilidad en que se encontraban. Incluso en plena democracia, durante los primeros años del gobierno de la Concertación, se habló frecuentemente de la ‘maffia’ que secuestraba niños chilenos para extraerle órganos (ojos, riñones, hígados) que vendían a los ricos norteamericanos y europeos.

Es cierto que de esa práctica ya no se habla, pero eso no quiere decir, en modo alguno que no exista o no vaya a existir. En sistemas donde la miseria mantiene sus niveles de manera persistente, en sistemas sociales basados en la constante ampliación de las brechas entre ricos y pobres, todo puede suceder. Especialmente cuando se tiene un mercado cuyos valores se han impuesto como norma de vida, cuando en ese mercado existe una fuerte demanda de esos productos orgánicos y cuando los administradores de la nación han ocupado tales cargos para resolver sus problemas particulares que les afectan sin preocuparse de las más urgentes necesidades del país.

Estocolmo, 7 de octubre de 2003.


Publicado el : |2003-12-07|
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