MANUEL ACUÑA ASENJO. Santiago, junio del 2011
URU-KA-GINA ASCIENDE AL GOBIERNO DE LAGAŠ
No existen antecedentes que permitan suponer la razón por la que
Uru-Ka-gina accede al mando de la ciudad de Lagaš siendo un personaje
ajeno a la línea dinástica de su antecesor. Esta circunstancia y el
hecho que sus reformas están basadas en críticas al comportamiento de
los gobernantes que lo precedieron hace creer a algunos autores que el
nuevo ‘ensi’ era un ‘usurpador’, un guerrero que, en virtud de un golpe
de Estado, accedió al mando de la ciudad.
Los argumentos anotados son débiles. En relación
al primero, la línea dinástica impuesta en Lagaš no siempre
correspondía a la de su predecesor. Mesilim, por ejemplo, no impone su
descendencia en la ciudad, a pesar de tener amplio poder sobre ella en
su calidad de regente de toda Sumer; tampoco lo hace el ‘patesi’
En’engal, ni tampoco quien lo sucede, el ‘patesi’ Lugal-Ša-Gen-Sur; y si
bien a éste no lo sucede un hijo o descendiente suyo, sino el ‘ensi’
Ur-Nanše, corresponde a este último la creación de la primera dinastía
que, nuevamente, se interrumpe con Eannatum II. Asciende al gobierno de
la ciudad Enentarzi que intenta crear una sucesión dinástica al casar
con Dimtur y engendrar a Lugalanda. No obstante, algunos autores
sostienen que el ’ensi’ Lugalanda, reemplazado por Uru-Ka-gina, también
era un ‘usurpador’.
En consecuencia, los juicios expresados en torno a estimar que
Uru-Ka-gina pudo ser un ‘usurpador’ parecen poco felices. No pertenecer a
la sucesión dinástica del ‘ensi’ Ur-Nanše no implica, pues, señalar a
los demás en el carácter de ‘usurpadores’: también el fundador de esta
dinastía fue un ‘usurpador’. La generalidad de las dinastías se genera
en virtud de la usurpación de territorios ajenos al usurpador, porque
nadie usurpa lo propio. Se trata, lisa y llanamente, de un robo con
asalto, con violencia; el simple uso de la fuerza física. Es apropiación
de la propiedad ajena. Y el robo no legitima. Aunque la conquista, la
accesión y la ocupación sean fuentes del derecho.
La segunda razón también es poco consistente: criticar la conducta de
los gobernantes anteriores no tiene por qué ser considerado un acto de
belicosidad o de agresividad en contra de aquellos, sino más bien la
forma de fundamentar el por qué de una actitud diferente e, incluso, la
manera de explicar el por qué de la aplicación de determinadas medidas.
A nuestro entender, Uru-Ka-gina no llegó a ser ‘ensi’ de Lagaš en virtud
de una asonada militar, sino más bien por su carácter de sujeto cercano
al círculo de poder del estamento militar y sacerdotal e, incluso, del
propio ‘ensi’ Lugalanda por las razones que se señalan a continuación:
1. La sucesión histórica de los gobernantes en la ciudad parece haberse
regido por un criterio esencialmente masculino. Esta afirmación puede
deducirse de la propia lista de gobernantes, todos varones, que
precedieron a Uru-Ka-gina en su calidad de tal que, según varios
autores, fueron:
1.1. Lugal Šuqqur o LugalŠangengur que reinó en 2.550 A.C.
1.2. Gursar
1.3. Gunidu
1.4. Ur-Nause, Ur-Nina o Ur-Nanse 2.494 a 2.465
1.5. Akur-gal (2.464-2.455)
1.6. Eannatum (2.454-2.425)
1.7. Enannatum I (2.424-2.404), que casa con Ašume’eren
1.8. Entemena 2404-2.375, que casa con Nin’ilisug
1.9. Eannatum II (2374-2365)
1.10. Enentarzi, que casa con Dimtur para formar una nueva sucesión dinástica.
1.11. Lugalanda, que casa con Baragnamtara para continuar la sucesión de Enentarzi.
No hay, pues, una figura femenina en toda la historia de los gobernantes
de Lagaš que permita dar por supuesto el hecho de haberse instalado
allí alguna mujer en dicha calidad. Por el contrario: la sucesión es
estrictamente varonil, de lo que puede deducirse que las mujeres no
tenían derecho a ser gobernantes en esa ciudad. Esta no parece ser una
conclusión casual, sino una política clara y directamente orientada a
entregar a los hombres la conducción militar y religiosa del conjunto
social, por lo demás, concordante con la calidad de estado teocrático
del cual evolucionaba a militar aquel protoestado.
Por consiguiente, puede sostenerse con propiedad que la descendencia
femenina de Lugalanda constituía un impedimento insuperable para la
permanencia de su línea dinástica. La evolución de la teocracia hacia el
estado militar supone, precisamente, el triunfo de la masculinidad por
sobre la feminidad, la victoria del cáliz sobre la espada. Y Lugalanda
dejaba dos hijas tras de sí: Mi-Šaga y Geme-Nanše.
2. Šaša’, presumiblemente consorte de Uru-Ka-gina, toma como tarea suya
la protección de las hijas del anterior ‘ensi’ reconociéndoles todos sus
derechos como descendientes de una autoridad. Esta labor le compete a
Šaša’ en su calidad de regente de la ‘Casa de la Mujer’, que bajo
Uru-Ka-gina vuelve a denominarse ‘Casa de la diosa Baba’. Si Uru-Ka-gina
hubiere sido un usurpador que tomó el gobierno por la fuerza, nada
explica que su mujer tomara sobre sí la protección de las hijas de
Lugalanda reconociéndoles todos los derechos que les correspondían en
tal calidad.
3. Las reformas de Uru-Ka-gina fueron dentro de los márgenes de la ley y
las costumbres sumerias. No hubo una revolución que implicara un cambio
drástico de sistema. Los comerciantes siguieron siendo comerciantes;
también los pescadores, obreros, esclavos, sacerdotes. Hubo reformas
trascendentales, sí; pero reformas, talas, arreglos, ordenamientos. Si
quisiésemos comparar el gobierno de Uru-Ka-gina con alguno de los
grandes reformadores de los tiempos modernos, podríamos repetir, como lo
hace nuestro amigo Guido Hernández, que el ‘ensi’ de Lagaš no fue, en
verdad, sino el Allende sumerio o, también, un Manuel Azaña, un Olof
Palme.
SITUACIÓN EN QUE SE ENCONTRABA LA POBLACIÓN DE LAGAŠ
Cuando Uru-Ka-gina accede al mando de la ciudad de Lagaš la situación de
la población, en general, no podía ser más dramática. A las extensas
propiedades de los ricos y altos dignatarios del templo y del ejército,
que se extendían unas junto a otras en una sucesión interminable, se
unía una miseria cada vez más amenazante para los sectores dominados.
Los pobres ya no tenían tierras y los que aún las conservaban tenían el
acoso de los ricos que llegaban hasta ellos con intención de
comprárselas. Al no obtener lo que deseaban, tomaban duras represalias
contra los dueños de esos predios que llegaban, a menudo, a la violencia
física. Los malos tratos se multiplicaban al negárseles lo que querían.
Si la casa de un hombre humilde era contigua a la casa de un hombre
‘importante’, nos recuerdan los conos, y éste la deseaba para sí pues
deseaba extender los límites de su propiedad, podía proponer a su
posible vendedor la celebración de un contrato y decirle: «Quiero
comprártela». Pero si al hombre ‘importante’, que estaba a punto de
comprar la casa, el hombre humilde le decía: «Págame el precio que yo
considero razonable», no había acuerdo. Entonces, lo normal era que el
poderoso tomase represalias en contra del vendedor renuente y lo
golpease. La casa, de todas maneras, pasaba a ser de su propiedad.
Los pobres no estaban constituidos solamente por personas desprovistas
de medios de subsistencia. También las mujeres, al quedar solas o
enviudar, pasaban a ser víctimas de la explotación y del chantaje; con
mayor razón los huérfanos. Las propiedades de éstos (siembras, terrenos,
ganado, instrumentos de labranza), heredadas de sus progenitores,
esposos o protectores, caían rápida e irremediablemente en manos de los
poderosos. La propiedad de la ciudad se concentraba cada vez en menos
manos.
La explotación de los demás en forma extrema se había instaurado en
Lagaš como forma de vida de sus ciudadanos; abundaban los robos,
aumentaba la criminalidad y los usureros se lucraban de la desgracia
ajena percibiendo altas tasas de interés sin importarles lo que sucedía a
los demás.
Por otra parte, el alto mando militar parecía adquirir cada vez mayor
influencia por sobre el clero; las propiedades del Templo ya no eran
administradas para el dios Ningirsu ni para sus feligreses, sino
parecían propiedad particular de los altos dignatarios y del ’ensi’ que
gobernaba la ciudad.
A pesar de haber recuperado Guedinna, a pesar de haber restaurado el
canal que conducía las aguas para una más fértil explotación de las
tierras, Lagaš parecía una ciudad en completo estado de decadencia.
EL GOBIERNO DE URU-KA-GINA
Sostenemos nosotros, aquí, que Uru-Ka-gina accede al mando de Lagaš
apoyado por un amplio sector de militares y sacerdotes, poder y casta
dominante en esa época que, viendo los problemas que se avecinaban y en
la imposibilidad de convencer a Lugalanda acerca de las reformas que la
ciudad necesitaba, lo depone del cargo y entrega el mando al reformador.
En consecuencia, no hay tras Uru-Ka-gina una multitud de seres humanos
que lo aclaman en el carácter de ‘revolucionario’; el nuevo ’ensi’ de
Lagaš fue un ‘reformador’ cuyas ideas contaban con el apoyo de los
sectores dominantes de la ciudad que no podían tolerar la enorme
sucesión de abusos por parte de una burocracia predadora integrada por
los altos mandos militares y sacerdotales, defensores de los excesos de
sus funcionarios y de la forma de vida impuesta por ellos. Accedió al
mando de la ciudad por la simple circunstancia que Lugalanda, su
antecesor, fue incapaz de introducir las reformas que exigía la
estabilidad del estado. No lo hizo al mando de un ejército que se
levantase en contra de su predecesor, sino aprovechando, simplemente,
circunstancias que le eran favorables. De otra manera no es posible
imaginar cómo pudo recabar para sí el título de ‘ensi’.
Asentado en el mando, se preocupó, de inmediato, de restaurar ciertos
principios básicos: si bien era el ‘ensi’ de la ciudad, declaró que su
poder no emanaba de sí, de su propia persona, sino de Ningirsu, el dios
tutelar de la ciudad. Uru-Ka-gina restauró el valor de la divinidad como
poder espiritual sobre el que había de construirse una nueva moral. Los
conceptos que iría a aplicar estarían profundamente arraigados en las
ideas religiosas predominantes en esa época dentro de los límites de la
ciudad-estado. Y en esto actuaba con una sagacidad extrema.
Así, comenzó, primeramente su gobierno con la construcción de una serie
de templos dedicados no sólo a Ningirsu, sino a otros dioses sumerios,
entre los cuales se encontraba el propio hijo de aquel, Igalim, a quien
nombró dios tutelar de la nueva unidad económica basada en la expansión
de la E-Mi o ‘Casa de la Mujer’. A la cabeza de esta unidad, colocó a su
mujer Šaša’. La ‘Casa de la Mujer’, que luego pasó a denominarse ‘Casa
de la diosa Baba’, debía controlar no sólo el templo de Ningirsu, sino
además las propiedades tanto de la familia divina como de la familia
gobernante además de las del personal dependiente de sus hijos. La
doctrina proclamada por Uru-Ka-gina era que la familia gobernante debía
administrar terrenalmente las propiedades de la familia divina. Si bien
es cierto que el control de tales propiedades había sido practicada en
esa misma forma por sus antecesores, con ciertas excepciones, bajo
Uru-Ka-gina no se innovó respecto la propiedad particular de la soberana
Dimtur, de Lugalanda y Bargnamtara; del mismo modo, respecto de
Geme-Baba, hija de Enentarzi y Dimtur. Sin embargo, las propiedades de
las hijas de Lugalanda y Bargnamtara, Mi-Šaga y Geme-Nanše, así como las
de los propios hijos del reformador, fueron confiscadas para pasar a
control de la ‘Casa de la Mujer’. La ‘estatización’ de los bienes de los
gobernantes la comenzó Uru-Ka-gina respecto de sí mismo, en su
patrimonio personal y en el de su familia, actitud que, de por sí, ya lo
separa de los demás gobernantes de Lagaš.
Basado en el origen divino de su mandato, Uru-Ka-gina procedió a dictar
una serie de reformas que pueden resumirse, más o menos, en lo
siguiente:
“Uru-Ka-gina revocó el poder de los barqueros. Destituyó asimismo al
inspector de pesquerías y al recaudador de impuesto que se tenía que
pagar para que se pudieran esquilar los carneros blancos. Cuando un
hombre se divorciaba, ni el išakku ni su visir percibían ya dinero
alguno. Cuando un perfumista elaboraba un ungüento, ni el išakku, ni el
visir, ni el intendente del Palacio, percibían ya nada. Cuando se
conducía un cadáver al cementerio, los dignatarios percibían una parte
mucho menos importante que antes de los bienes del difunto.; en algunos
casos, menos de la mitad. Los bienes del templo fueron respetados. Y de
un extremo a otro del país […] ‘ya no había recaudadores’. Uru-Ka-gina
había ‘instaurado la libertad’ de los ciudadanos de Lagaš” .
La hora de la eliminación de las cargas tributarias había llegado;
también el fin de los ‘omnipresentes recaudadores’ de impuesto y del
parasitismo estatal.
La obra de Uru-Ka-gina no terminó allí. La explotación y mal trato que
practicaban los ricos contra los pobres también llegó a su término;
también puso término a la explotación de las viudas y de los huérfanos y
persiguió tenazmente a los usureros, ladrones y criminales. Como lo
expresa Kramer:
“Ya no había ningún dignatario que se atreviese a usurpar el jardín de
la madre de un hombre pobre, despojando los árboles y llevándose los
frutos, como era costumbre antes. Uru-Ka-gina hizo pacto con Ningirsu,
dios de Lagaš, especificando en él que no permitiría que las viudas ni
los huérfanos fuesen víctimas de los ‘hombres poderosos’” .
No debe sorprender que semejantes medidas produjeran fuertes impactos en
los diferentes estratos sociales de Lagaš. Grandes contingentes de
personas, antes explotadas, se ofrecieron para engrosar las filas de
apoyo a la labor del gobernante. Pobres, esclavos, extranjeros,
barqueros, pescadores, ganaderos, serían quienes se dedicarían a
levantar templos para los sacerdotes que habían sido leales a la
divinidad: Uru-Ka-gina contaba con el apoyo de la gran mayoría de los
habitantes de la ciudad. Por consiguiente, al amparo de esas reformas,
comenzó a realizarse un impresionante número de obras públicas en los
años posteriores provocando la envidia de los gobernantes de las
ciudades adyacentes. Lagaš volvía a ser lo que había sido en años
anteriores, pero no contaba con la simpatía de Sumer.
Agreguemos otro hecho: las reformas de Uru-Ka-gina fueron llamadas
‘amargi’ que, en sumerio tiene el doble significado de ‘libertad’ y
‘retorno a la madre’, circunstancias que nos permiten suponer, como lo
hace Stone, que tales reformas no estaban sino reafirmando principios
morales y éticos de una época anterior .
EL OCASO DE URU-KA-GINA
Lagaš constituía un modelo de sociedad que bien podían imitar las
ciudades vecinas. Si había logrado erigirse en un innegable éxito
interno, también podía hacerlo en el ámbito externo.
Sin embargo, lo que para algunos constituye un éxito es, para otros, un
fracaso; lo que para ciertos grupos constituye la promesa de un mejor
porvenir, es para otros una amenaza. Entonces, todos los medios sirven.
Incluso, las viejas rencillas territoriales. Y es lo que ocurriría en
Lagaš. Porque, si bien es cierto que las reformas introducidas al
funcionamiento de la ciudad-estado habían resultado exitosas para su
población, constituían una abominación para las ciudades circundantes,
organizadas sobre la base de beneficiar el interés de las protoclases
dominantes. Lagaš no era, para ellas, modelo alguno a implantar; por el
contrario: representaba la aparición de una pústula pestilente que debía
ser eliminada a la brevedad.
Gobernaba, en esos años, la ciudad de Umma, el ‘lugal’ Zagissi , hombre
autoritario, convencido de haber sido elegido por los dioses para
cumplir el rol de ‘salvador’ de Sumer. Extremadamente ambicioso, miraba a
la ciudad vecina como una presa que debía conseguir cualquiera fuese su
precio.
Zagissi comenzó analizando lo que Lagaš significaba para Umma y, por
consiguiente, para él y su casta dominante. No quería cometer el mismo
error de quienes le precedieron en el gobierno de Umma. Sin lugar a
duda, Lagaš era un problema para él; pero necesitaba saber si también lo
era para otras ciudades-estado. Si aquella debía ser destruida, el
‘lugal’ de Umma no enfrentaría solo el poder social que en Lagaš había
conseguido crear en torno suyo Uru-Ka-gina. En suma: no volvería a crear
un conflicto a la manera de los otros ‘lugal’ de Umma en sus guerras
fronterizas. Lagaš debía ser arrasada. Pero esa tarea no era para una
ciudad-estado sola como Umma.
Convencido de esa misión, envió emisarios a todas las ciudades y
concertó encuentros con todos y cada uno de sus gobernantes a fin de
discutir la amenaza que para todos ellos significaba la presencia de un
gobernante como Uru-Ka-gina al mando de Lagaš. Fue idea común de
aquellos considerar que los temores de Zagissi estaban bien
fundamentados, que Lagaš sí constituía una amenaza y que era necesario
emprender una acción conjunta de todos contra el gobernante de la
ciudad-estado hasta lograr su completa aniquilación.
Cada una de las ciudades que pactaron con el lugal Zagissi decidió
entregarle tropas para la realización de la acción en contra de
Uru-Ka-gina, elevándolo al rango de comandante en jefe de las fuerzas
militares unificadas. Toda Sumer debía reducir a Lagaš. Y Ningirsu no
tendría poder suficiente para poder oponer resistencia a tan grande
concentración de guerreros.
Así, cuando no habían transcurrido (¿siete, ocho, nueve?) aún diez años
desde que Uru-Ka-gina asumiera el mando de Lagaš y la había transformado
en una potencia social y económica, un formidable ejército conducido
por el lugal Zagissi se dejó caer sobre aquella. Uru-Ka-gina tuvo un
apoyo social inmenso, pero no lo suficientemente grande como para
oponerse a la fuerza conjunta de todas las ciudades-estado unificadas
bajo el mando del ‘lugal’ de Umma. Apoyado por los habitantes de Lagaš,
que habían confiado en él y que habían visto los logros alcanzados en
esos años, sucumbió ante el arrollador avance de las fuerzas unificadas
al mando del guerrero ummaita.
Las estelas nada dicen qué sucedió después. Se sabe que las tropas del
lugal Zagissi penetraron en la ciudad, mataron a muchos de sus
habitantes, saquearon los templos y las casas, destruyeron las acequias,
canales, paseos, edificios, e incendiaron lo que quedó de la ciudad.
Así lo consignan los relatos de la época:
“El hombre de Umma ha puesto fuego al Ekibirra, ha puesto fuego al
Antasurra y robado sus metales preciosos y el lapislázuli; ha saqueado
el palacio de Tiraš, en el de Abzubanda, en el palacio de Tirash, en el
Abzubanda, en el santuario de En-lil, en el santuario de Utu, en el
A’uš, robando los metales preciosos y el lapislázuli; ha entrado a saco
en el Ebabbar robando los metales preciosos y el lapislázuli; ha entrado
a saco en el Giguna de Ninma’ robando los metales preciosos y el
lapislázuli; ha entrado a saco en el Bagara robando los metales
preciosos y el lapislázuli; ha entrado a saco en el Dugru apoderándose
de los metales preciosos y del lapislázuli; ha entrado a saco en el
Abzuega; ha incendiado el templo de Gatumdug apoderándose de los metales
preciosos y del lapislázuli y destruyendo las estatuas; ha incendiado
la Ibeanna de Innana apoderándose de las joyas y del lapislázuli y
destruyendo las estatuas; ha entrado a saco en el Šapad apoderándose de
las piedras preciosas y del lapislázuli; ha robado el … en ‘Enda; ha
entrado a saco en Kieš, en el templo de Nindar, apoderándose de los
metales preciosos y del lapislázuli; en Kinunir incendió el templo de
Dumuzi-abzu apoderándose de los metales preciosos; incendió el templo
del Lugal URU-KAR poderándose de los metales preciosos y del
lapislázuli; entró a saco en el Eengur de Nanše apoderándose de las
joyas y del lapislázuli; entró a saco en el Sagug, el templo de
Ama-geština, apoderándose de la (estatua de) Ama-geština, de las joyas y
del lapislázuli y la ha arrojado al pozo; ha tomado los cultivos del
campo sembrados como pertenencia de Ningirsu”.
Se sabe además que, acompañado de un reducido grupo de personas leales a
él, huyó Uru-Ka-gina a la ciudad de Kiš desde donde desapareció de la
vida pública, pero se ignora totalmente lo que sucedió con Šaša’ y con
sus hijos.
Apenas si aquel que escribió el testimonio más arriba transcrito, se
atrevió a proferir una maldición sobre el conquistador de Lagaš:
“El hombre de Umma (lugal Zagissi), luego de haber destruido Lagaš, ha
cometido un crimen contra Ningirsu: ¡la mano que ha puesto sobre
Ningirsu le será cercenada!”
Sin embargo, nada de eso ocurrió. La mano del lugal Zagissi no fue
cercenada por deidad alguna y el conquistador dominó todo el territorio
de la Mesopotamia, gobernó con mano de hierro a toda la región, aplastó
uno por uno a quienes quisieron oponérsele e ingresó a la historia como
el constructor del primer Imperio sumerio. Fue un triunfador
indiscutible, el prototipo del guerrero de cuyas hazañas se nutren los
libros que dan cuenta del pasado, hasta que las tropas asirias
invadieron esos territorios. Enfrentado a un poder superior al suyo,
intentó vanamente oponerse al ejército de Sargón. El resultado no pudo
serle más adverso. El monarca asirio no sólo le infligió total derrota
sino, además, mató a todos sus soldados, lo separó de su cargo y lo hizo
ejecutar. De si Ningirsu cobró venganza de él por la destrucción de
Lagaš de esa manera, es algo que jamás se sabrá. Pero eso es parte ya de
una historia donde el poder militar, libre ya casi completamente de la
tutela religiosa, comenzó a levantarse como única fuerza dominante en
esa región del globo.
EL LEGADO DEL ‘ENSI’ DE LAGAŠ
No podemos terminar esta reseña sin referirnos al legado que nos dejara
el ‘ensi’ de Lagaš en su fugaz aparición sobre las tablas del teatro de
la historia. Porque tanto en su figura como en su obra se condensan
experiencias que resultan hoy imposibles de ignorar.
Es costumbre señalar, en las aulas universitarias, al Código de
Hammurabi como una de las primeras manifestaciones de la juridicidad
estatuida en un cuerpo único de disposiciones legales. En realidad, este
compendio no es original; se basa en otro conjunto de normas de
convivencia, más antiguo e, incluso, más completo, aunque disperso. Se
trata del conjunto de edictos inscritos sobre monumentos, destinados a
aliviar la situación de algunos sectores sociales, denominados
precisamente ‘edictos misharum’. Empleados en la Babilonia que sucedió a
Sumer como forma de aliviar la situación de los más afligidos, fueron,
casi con seguridad una reproducción de las disposiciones dictadas 500
años antes por Uru-Ka-gina. De lo cual podemos deducir que, parte del
entramado jurídico moderno (basado en Las Siete Partidas, el Código de
Justiniano y el Código de Hammurabi), también encuentra sus raíces en la
tradición legada por el ‘ensi’ de Lagaš.
Las reformas de Uru-Ka-gina se orientaron en torno a conceder mayor
libertad, alimentos y protección a los sectores más desposeídos de la
sociedad de Lagaš. A la luz de la historia, estas reivindicaciones se
nos aparecen hoy como emanaciones de una suerte de derecho ‘natural’,
pues si tales derechos ya se disputaban en esos años es porque siempre
han estado incorporados a la naturaleza del ser humano. La defensa de
los mismos no sería, de esa manera, un acto privativo de la era actual,
sino algo que se realizó ayer, en el pasado, y que se ha realizado en
todas las épocas desde aquella ocasión en que se inició el proceso de
ruptura de la ‘unidad originaria’. Por lo mismo, las reformas del ‘ensi’
nos enseñan, además, que, desde tiempos inmemoriales, se viene
intentando instituir el respeto de esos derechos o, lo que es igual,
hacerlos extensivos a todo el grupo social.
No los llamemos principios ni derechos, sin embargo, aunque puedan así
considerarse. Y es que no lo son. Constituyen, en realidad, una
manifestación de nuestra esencia de seres vivos. Como lo dijésemos en un
principio, el principio de la diferenciación nos obliga a agruparnos
para combinar nuestras diferentes especialidades; de esa asociación de
funciones nace lo que se conoce malamente como ‘igualdad’, expresión
errónea, que induce a equívocos, pues la asociación o convivencia de
sujetos diferentes que se necesitan entre sí no puede operar sin este
requisito indispensable. Ese principio, biológico, por cierto, de la
igualdad en la desigualdad, nos recuerda que la necesidad del ser humano
de agruparse en comunidades para alcanzar su realización no tiene por
qué asociarse a la idea de su subordinación de unos a otros; ni, mucho
menos, a su sumisión.
Existe, por consiguiente, una aproximación natural, una forma de
agrupamiento basada en la diferenciación, que hermana a los individuos
en cuanto al cumplimiento de derechos y obligaciones recíprocas, y que
hace repugnante cualquier intento de dominación. Estos son basamentos
morales, éticos. De lo cual se deduce que la moral misma tiene un
fundamento biológico. Explica, por lo demás, por qué el ser humano lucha
desde la antigüedad por el imperio de esos ‘principios’ y que la figura
misma de Uru-Ka-gina coloca sobre el tapete de la discusión.
Nos recuerda, también, la figura del ‘ensi’ que, a menudo, el interés
personal puede ser determinante para iniciar una época de reformas
cuando hay voluntad política de hacerlas y que, en algunas
oportunidades, personajes vinculados a las esferas del gobierno de una
nación son capaces no solamente de defender sus propios intereses o lo
que les indica su ambición personal, sino pueden dar pasos decisivos
hacia el robustecimiento de los derechos conculcados a las grandes
mayorías nacionales.
Lo sucedido con el ‘ensi’ de Lagaš debe, no obstante, traer a la memoria
un hecho crucial. Y es que los basamentos biológicos de la convivencia
humana pueden ser atropellados cuando actúan personajes que provienen de
una cultura diferente; especialmente, si en ella predominan valores que
hacen apología a la destrucción. La ‘igualdad’ de sujetos diferentes
que conviven para combinar sus aptitudes y cualidades en función de un
fin superior se rompe, entonces; y la labor colectiva que realizaba la
comunidad es usurpada por unos pocos que la convierten en individual o
particular. El fin social se realiza, de todas maneras, pero solamente
en beneficio de un sector minoritario que detenta la fuerza. Por lo
mismo, no debe sorprender que siempre existan sectores interesados en
destruir cualquier intento de imponer cierto equilibrio social.
Le circulación de una moneda (el ‘siclo’) que permitía el préstamo a
interés, la circunstancia de existir artesanos libres que recibían paga
por la fabricación de armas para el ejército de Lagaš, el hecho de
pagarse en dinero las obras que ejecutaban ingenieros, arquitectos y
demás funcionarios protoestatales, implica la existencia de venta de
fuerza o capacidad de trabajo y, en consecuencia, un sistema capitalista
en ciernes, naturalmente no dominante, que permite reafirmar nuestra
idea acerca del pasado. En efecto, hemos sostenido nosotros que las
ideas tanto del progreso como del desarrollo, de por sí lineales, han de
entenderse mejor como una sucesión de configuraciones en donde los
elementos que dan origen a toda nueva sociedad siempre se encuentran
presentes, aunque no son predominantes en determinados momentos
históricos. Es, por lo demás, la única manera de entender aquella
afirmación según la cual toda sociedad vieja lleva en sus entrañas a la
nueva que ha de sustituirla.
Un hecho significativo que nos muestra el gobierno de Uru-Ka-gina y que
debe tenerse siempre presente es que, generalmente, cuando se sienten
realizados, los sectores que apoyan a un gobierno son capaces de grandes
transformaciones. Nos recuerda, en cierta manera, la abnegación con que
los jóvenes, durante el gobierno de la Unidad Popular, en Chile, salían
a trabajar en beneficio de los sectores más desposeídos y del propio
Gobierno Popular en esas jornadas dominicales que se conocían bajo el
nombre de ‘los domingos solidarios del trabajo voluntario’; nos
recuerda, del mismo modo, ‘la batalla de la producción’ y el regalo que
ofrecieran a Salvador Allende los trabajadores del edificio Unctad III
(más tarde, Edificio ‘Gabriela Mistral’, Edificio ‘Diego Portales’ bajo
la dictadura y ‘Centro Cultural Gabriela Mistral’ bajo la Concertación)
de entregarlo antes de la fecha estimada para el término del mismo. En
el caso del ‘ensi’ de Lagaš, los sectores beneficiados por las reformas
impuestas por su gobierno no trepidaron en salir en defensa de su
ciudad-estado y encontrar la muerte al enfrentar al enemigo.
El enemigo de un sistema no siempre se manifiesta en forma abierta.
Normalmente, aparece en forma de dictador, un sujeto nacido de las
propias filas del que va a derrotar: su manifestación, entonces, es
interna; otras veces, proviene de fuera, como una fuerza exterior
invasora. En ambos casos, se presenta para abolir las formas de gobierno
instaladas en esa nación, lo que no sucede por simple casualidad. Y es
que, en realidad, los grupos humanos no funcionan tan independientemente
como pudiera creerse; conforman, generalmente, un ‘sistema mundial’
dentro del cual los gobiernos representan intereses que deben ser
correspondientes con los de aquel. Este sistema mundial no siempre se
presenta, en la historia, como ‘global’, sino como microsistema, como
sistema mundial en miniatura, a veces de carácter regional e, incluso,
provincial. En ese caso, son tales intereses los que se ponen en campaña
para destruir al elemento exótico. Así sucedió con el ‘ensi’ de Lagaš
cuyo éxito unificó las fuerzas que habían de destruirlo. Porque el éxito
despierta envidias y constituye una amenaza para el envidioso cuando
una forma de vida ajena a la que ha establecido como óptima se presenta,
ante su comunidad, en la forma de alternativa cierta que puede
sustituir a la suya. En esos casos, la labor del gobernante reformador
debe centrarse en torno a intentar acciones que impidan el avance de esa
envidia para lo cual, antes de nada, ha de iniciar un proceso de
ruptura con el aislamiento regional, que es la única manera de
introducir proposiciones destinadas a impedir la unión de los
adversarios: el modelo intentado debe reproducirse para facilitar su
propagación, no encapsularse.
¿Cuándo se hace presente el enemigo? El enemigo está siempre presente y
se manifiesta en la defensa de intereses de grupo. Las reformas
introducidas por un gobernante pueden, a menudo, afectar esos intereses;
entonces, los sectores afectados comienzan a conspirar primero, a
través de quejas y bromas de mal gusto, en las que siempre está presente
la persona del gobernante; luego, empiezan a reunirse para evaluar la
situación y analizar sus fuerzas. Y es porque, en esos momentos, las
reformas introducidas por el gobernante comienzan a socavar los
cimientos del sistema, las libertades concedidas ponen díscolos a los
operarios, disponen éstos de cantidades de dinero similares a las de los
sectores dominantes y sus derechos empiezan a equiparse. En palabras
más simples: se hace presente el momento en que el sistema vigente
comienza a dejar de ser tal para iniciar su tránsito hacia otra forma de
convivencia social. Digámoslo más directamente: el enemigo se hace
presente cuando las transformaciones introducidas por el elemento
exótico han sobrepasado los límites mismos del sistema. Entonces, la
necesidad de aplastar a los reformadores se hace imperiosa.
¿Cómo un sistema amenazado realiza la destrucción del elemento exótico?
¿Cómo neutraliza al díscolo? La historia de Uru-Ka-gina no es diferente a
la de todos aquellos que se han empeñado en ascender por el escabroso
sendero de las reformas sociales o por conseguir una sociedad mejor.
Cuando el sistema vigente ha visto traspasados sus límites, la reacción
siempre se hace presente, al principio, en la forma de amenaza cierta.
De perseverar esa trasgresión de límites, la amenaza se hace realidad, y
cuando ello ocurre se materializa en virtud la imposición de la fuerza.
El uso de la fuerza física es el último recurso al que apela, en toda
circunstancia, un sistema que teme colapsar. Y puesto que la fuerza
física o coacción se encuentra permanentemente en manos de las fuerzas
armadas en forma de monopolio, SIEMPRE serán éstas quienes habrán de
pronunciarse sobre el futuro de la sociedad. Salvo que se oponga a ellas
un poder igual o similar también armado.
Que, en determinadas circunstancias, la fuerza militar se vea
sobrepasada por la acción de las masas, como ha sucedido en algunas
oportunidades con revoluciones democráticas triunfantes, no quiere decir
que esa sea, también, una alternativa posible. Las alternativas se
plantean en el plano de las posibilidades ciertas, no de las inciertas; y
la posibilidad que una fuerza militar se vea sobrepasada por una fuerza
social poderosa es sin lugar a dudas, una alternativa, pero una
alternativa incierta. Por lo mismo, difícil de considerar como
medianamente posible. Las fuerzas armadas son esencialmente estructuras
jerárquicas y obedientes, estructuras organizadas para imponerse sobre
otras, para dominar; no para ejercer la ‘democracia’.
El uso de la fuerza por parte de un sistema que se siente amenazado por
las maniobras que ejecuta un reformador puede ser tanto interno como
externo; ya lo hemos dicho. El sistema vigente tiene la posibilidad de
elegir cómo actuar en defensa de su propia integridad. Pero, en uno u
otro caso, el uso de la fuerza adquiere el carácter de inevitable.
Cuando un gobernante toma el mando de una nación y empieza a introducir
reformas que dicen relación con la incorporación de mayores conquistas
sociales, no puede atribuirse, livianamente, ese hecho al simple deseo
de aquel de ganar la voluntad de los sectores dominados, como algunos
investigadores interpretan las reformas del ‘ensi’ de Lagaš. En las
modernas elecciones de gobernantes, el discurso político, el programa de
acción, muchas veces es determinante para inclinar la balanza hacia uno
u otro candidato; las promesas electorales hacen fácil presa del
elector incauto. El acceso al gobierno, pues, puede comenzar con la
mentira. En el caso de Uru-Ka-gina, el proceso se inicia con la toma,
primero, del mando de la ciudad-estado; posteriormente, la época de
reformas se hace presente. No hay acto electoral previo. Es cierto que,
en los casos en que se advierte la amenaza de desestabilización puede el
gobernante recurrir a la introducción de reformas con tal de ganar la
voluntad de los sometidos. No nos parece que eso suceda en el caso del
‘ensi’ de Lagaš pues no se advierte que existiese amenaza alguna de
desestabilización a lo largo de su regencia; más bien, la propia
ascensión del ‘ensi’ al mando de Lagaš parece constituir la culminación
de un eventual proceso de desestabilización, por supuesto, previo a ese
suceso. Es más: un gobernante puede ser, al principio, repudiado; más
adelante, y no solamente por ganar la voluntad de los gobernados, puede
ser adorado por la efectividad de sus obras. Especialmente, cuando las
reformas que introduce están directamente relacionadas con la
restauración de derechos conculcados en toda la extensión de la
historia.
Un hecho sintomático en el gobierno de Uru-Ka-gina es el rol desempeñado
por la mujer en la sociedad que existía dentro de la ciudad-estado de
Lagaš, hecho celebrado por Rianne Eissler para quien su obra consistió
solamente en restituir dicho rol. En efecto, de las obras de orfebrería,
de las inscripciones que quedan en las estelas, de las leyendas
contenidas en los cilindros, se desprende que la mujer sumeria, en los
comienzos de la civilización mesopotámica, gozaba de una consideración
insuperable que, a menudo, se manifestaba como superior a aquella de la
cual gozaba el hombre. Las historias de Innanna de Uruk y de otras
deidades presentan a la mujer dueña de sus atributos, independiente,
dirigiendo junto a los hombres, de igual a igual, la administración de
la sociedad en que vive. Por el contrario, en la medida en que dicha
sociedad se fue haciendo cada vez más jerárquica y militar, el rol de la
mujer comenzó a decaer, labor que Uru-Ka-gina no vaciló en restaurar en
la persona de su mujer, Ša-Ša’. No por algo le cupo a ella la tarea de
dirigir ‘La Casa de la diosa Baba’, edificación notable, en la que
participaban solamente mujeres, y que pone de manifiesto el profundo
interés que guiaba al gobierno del ‘ensi’ en torno a restaurar a
aquellas los derechos que les habían sido conculcados antaño.
El gobierno de Uru-Ka-gina nos enseña, además, que la tarea de realizar
grandes transformaciones desde el gobierno dentro de determinada
institucionalidad es plenamente posible y que solamente basta tener la
voluntad política para ello. Aunque en ese empeño se sobrepasen límites
que, según se sabe, nadie debe sobrepasar. De hecho, tales fueron las
banderas de lucha enarboladas por Manuel Azaña, en la Península Ibérica
en la primera mitad del siglo pasado, y Salvador Allende en el Chile de
1970. Que tales experiencias hayan arrojado trágicos resultados, como la
del propio Uru-Ka-gina, no significa que esa vía ha de desecharse como
una de las tantas posibles para emprender el camino hacia la
construcción de una sociedad mejor.
Pero la figura del ‘ensi’ de Lagaš nos lega, finalmente, una lección que
jamás ha de olvidarse: que la tierra toda no es un inmenso mercado en
donde sólo tienen cabida compradores y vendedores para sacar provecho de
sus acciones, que la vida, fundamento de la existencia misma de la
tierra, no fue hecha para hacer negocios o para quitar a los demás lo
que les pertenece, sino que cobija a individuos como nosotros para
auxiliarnos mutuamente, para asistirnos hermanados en nuestro rol de
seres humanos, para repartirnos lo que podamos extraer de ella, que es
la única forma de entender el inmenso significado que contiene el
principio de la diferenciación.
Santiago, junio de 2011
TEXTO DE LAS REFORMAS DE URU-KA-GINA
(Cono C)
(Según la versión en castellano entregada por Manuel Molina)
A Ningirsu, héroe de Enlil, Uru-Ka-gina, lugal de Lagaš, el palacio de
Tira'a le construyó; el Anta-ura' le construyó; el templo de Baba le
construyó; el Bursag, su santuario para las ofrendas regulares, le
construyó; su edificio de Urukug en el que se esquilan las ovejas le
construyó; para Nanie el «Canal-que-fluye-hacia- NINA»,SU amado canal,le
excavó (y) su desembocadura hasta el interior de (la región de) Hörse
lo hizo llegar; los muros de Girsu le construyó.
Desde los lejanos días, desde el surgimiento de la semilla, en aquellos
días, el «hombre de la barca» se apropiaba de las barcas; de los asnos
el administrador de los rebaños se apropiaba; de las ovejas el
administrador de los rebaños se apropiaba; de ... ...el supervisor de la
pesca se apropiaba; los sacerdotes-gu-dug las contribuciones de cebada
en Ambar medían; los pastores de ovejas de lana por una oveja pura
pagaban plata; el agrimensor el cantante superior del culto, el
administrador, el maestro cervecero, todos los supervisores por un
cordero lechal pagaban plata; los bueyes de los dioses en los campos de
cebollas del ensi, araban; sobre los buenos campos de los dioses las
plantaciones de cebollas (y) las plantaciones de pepinos del ensi,
estaban; las cuadrillas de asnos (y) los vigorosos bueyes de los
administradores del templo eran uncidos, (pero) la cebada de los
administradores del templo por el personal del ensi, era recibida; un
vestido- ... de mangosta, un vestido- ..., un vestido lujoso (?), un
vestido- ..., un vestido- ... de lino, un ... de fibra de lino, fibra de
lino atada en haces, un yelmo de bronce, un clavo de bronce, un ... de
bronce, una piel brillante, plumas de «cuervo que grazna», ...(y) una
cabra ...los administradores del templo como contribución IL,
entregaban; los administradores-GAR del templo en el huerto de un
ama-uku; talaban árboles (y) los frutos recogían; para llevar un cadáver
al cementerio siete jarras de cerveza, 420 panes, 2 ul de cebada-ha-zi,
un vestido, un carnero-guía, (y) una cama el uh,-mus cogía para sí, y
el lu-umum-ma 1 de cebada cogía para si; cuando a la «caña de Enki» un
hombre era llevado 7 jarras de cerveza, 420 panes, 2 ul de cebada, un
vestido, una cama, (y) un asiento de madera el uh-muš, cogía para sí,
(y) 1 u1 de cebada el lu-umum-ma cogía para sí; los artesanos el
ninda-šu-il-la tenían, y las parejas de obreros la tarifa de «la puerta
de la ciudad» tenían; en las propiedades del ensi, y en los campos del
ensi, en las propiedades de la «Casa de la Mujer» y en los campos de la
«Casa de la Mujer», en las propiedades de los hijos y en los campos de
los hijos se cometían irregularidades; desde la frontera de Ningirsu
hasta (la región de) Hör había gente que en calidad de inspectores
actuaba; (cuando) el Šub-lugal en la parte estrecha de su campo
construía su pozo, al igi-nu-du, cogía (para el trabajo), (y también
para los trabajos de) los canales de irrigación que tenían lugar en el
campo al igi-nu-du, se cogía.
Las normas de los tiempos anteriores eran estas. Cuando Ningirsu, héroe
de Edil, a Uru-Ka-gina la realeza de Lagaš le dio, (cuando) entre 36000
hombres su mano cogió, el destino de tiempos anteriores estableció,las
órdenes que su señor Ningirsu le había dado comprendió: de(1 control de)
los barcos al «hombre de la barca» apartó; de(1 control de) los asnos
(y) de las ovejas al correspondiente administrador de los rebaños
apartó; de ... ... al supervisor de la pesca apartó; de las
contribuciones de cebada de los sacerdotes-gudug al supervisor de los
silos apartó; por una oveja pura (o) por un cordero lechal del pago (de
tasas) en plata al inspector apartó; de las contribuciones-E, que los
administradores del templo al palacio llevaban al inspector apartó; en
las propiedades del ensi, (y) en el campo del ensi, a Ningirsu como
propietario estableció; en las propiedades de la «Casa de la Mujer» (y)
en el campo de la «Casa de la Mujer» a Baba como propietaria estableció;
en las propiedades de los hijos (y) en el campo de los hijos a
Šulšagana como señor estableció; desde la frontera de Ningirsu hasta (la
región de) Hör dejó de haber inspectores; (cuando) se lleve un cadáver
al cementerio 3 jarras de cerveza, 80 panes, una cama, (y) un
carnero-guía, el uh-muš, cogerá, (y) el lu-umum-ma 3 ban de cebada se
llevará; cuando a la «caña de Enki» un hombre sea llevado, 4 jarras de
cerveza 240 panes (y) 1 u1 de cebada el uh-muš, se llevará; (y) el
lu-umum-ma 3 ban de cebada se llevará; un tocado de mujer (y) 1 sila de
«perfume de primera calidad» la sacerdotisa-nin-dingir se llevará; 420
panes secos (?) son los panes de la contribución, 40 panes calientes son
los panes para la cena (?), 10 panes calientes son los panes de mesa, 5
panes del «hombre del bando», 2 ánforas (y) una vasija-sa-dug, de
cerveza (la ración) del cantante de lamentaciones de Girsu; 490 panes, 2
ánforas (y) una vasija-sa-dug, de cerveza es (la ración) del cantante
de lamentaciones de Lagaš; 406 panes, un ánfora y una vasija-sa-dug, de
cerveza es (la ración) de los (otros) cantantes de lamentaciones; 250
panes (y) 1 ánfora de cerveza es (la ración) de las ancianas; 180 panes
(y) un ánfora de cerveza es (la ración) de los ancianos de NINA; para
el igi-nu-du, de servicio en el ... (su ración es de) un pan para la
cena (?), 5 panes para el amanecer (?), un pan para el mediodía (?) (y) 6
panes para la noche; 60 panes, un ánfora de cerveza 3 ban de cebada (es
la ración) para los que trabajan como sag-bur; la tarifa de 'la puerta
de la ciudad para las parejas de obreros él (Uru-Ka-gina) revocó, (y)
para los artesanos el ninda-šu-i1-la revocó; los sacerdotes-GAR el
jardín del ama-uku, dejaron de saquear; (cuando) a un šub-lugal un asno
de buena calidad le nazca, (y) su supervisor «te lo quiero comprar», le
diga, «si lo quieres comprar el precio que satisfaga a mi corazón
págame» (si el šub-lugal) le responde, (o) si no se lo quiere vender, el
supervisor coléricamente no le golpeará; cuando la propiedad de un
'hombre grande' con la propiedad de un šub-lugal limite, y ese 'hombre
grande' «quiero comprártelo» le diga, «si la quieres comprar el precio
que satisfaga a mi corazón págame, mi casa es un gran recipiente-pisan,
¡llénamelo de cebada!» (si el šub-lugal) le responde, (o) si no se lo
quiere vender, el ‘hombre grande' al šub-lugal coléricamente no le
golpeará.
(Esto es lo que Uru-Ka-gina) ha dicho.
A los ciudadanos de Lagaš:
al que estaba endeudado, al que había establecido una medida-gur
(falsa), al que había llenado (inapropiadamente una medida-gur con)
cebada, al ladrón (y) al asesino, su prisión él la ha limpiado (de
ellos); su libertad él ha dispuesto.
Que el huérfano y la viuda al poderoso no le sean entregados con Ningirsu Uru-Ka-gina ha acordado.
En ese año el pequeño canal que Girsu tiene a Ningirsu le ha excavado;
el nombre que desde ese día lleva, «Ningirsu-es-Soberano-ante Nippur»,
Uru-KA-gina le ha dado; hasta el «Canal-que-fluye- hacia-NINA» él lo
hizo llegar; el canal es puro, su lecho es claro; ¡que a Nanše agua
corriente le traiga!
TEXTO QUE DESCRIBE LA DESTRUCCIÓN DE LAGAŠ
(Traducido del italiano por el autor)
“El hombre de Umma ha puesto fuego al Ekibirra, ha puesto fuego al
Antasurra y robado sus metales preciosos y el lapislázuli; ha saqueado
el palacio de Tiraš, en el de Abzubanda, en el palacio de Tirash, en el
Abzubanda, en el santuario de En-lil, en el santuario de Utu, en el
A’uš, robando los metales preciosos y el lapislázuli; ha entrado a saco
en el Ebabbar robando los metales preciosos y el lapislázuli; ha entrado
a saco en el Giguna de Ninma’ robando los metales preciosos y el
lapislázuli; ha entrado a saco en el Bagara robando los metales
preciosos y el lapislázuli; ha entrado a saco en el Dugru apoderándose
de los metales preciosos y del lapislázuli; ha entrado a saco en el
Abzuega; ha incendiado el templo de Gatumdug apoderándose de los metales
preciosos y del lapislázuli y destruyendo las estatuas; ha incendiado
la Ibeanna de Innana apoderándose de las joyas y del lapislázuli y
destruyendo las estatuas; ha entrado a saco en el Šapad apoderándose de
las piedras preciosas y del lapislázuli; ha robado el … en ‘Enda; ha
entrado a saco en Kieš, en el templo de Nindar, apoderándose de los
metales preciosos y del lapislázuli; en Kinunir incendió el templo de
Dumuzi-abzu apoderándose de los metales preciosos; incendió el templo
del Lugal URU-KAR poderándose de los metales preciosos y del
lapislázuli; entró a saco en el Eengur de Nanše apoderándose de las
joyas y del lapislázuli; entró a saco en el Sagug, el templo de
Ama-geština, apoderándose de la (estatua de) Ama-geština, de las joyas y
del lapislázuli y la ha arrojado al pozo; ha tomado los cultivos del
campo sembrados como pertenencia de Ningirsu”.
“El hombre de Umma (lugal Zagissi), luego de haber destruido Lagaš, ha
cometido un crimen contra Ningirsu: ¡la mano que ha puesto sobre
Ningirsu le será cercenada!”
12 Esta referencia contenida en uno de los conos que da cuenta de la
situación social previa a la aparición de Uru-Ka-gina ha de entenderse
en el sentido que todas esas propiedades conformaban un todo o, si se
quiere, una extensión territorial única, ininterrumpida, una vastedad
para las protoclases privilegiadas que se formaban al amparo del clero y
del mando militar.
13 Kramer, Samuel Noah: Obra citada en (2), pág. 98.
14 Kramer, Samuel Noah: Obra citada en (), pág. 99.
15 Kramer, Samuel Noah: Obra citada en (), págs. 99 y 100.
16 Véase la obra de Riane Eissler ‘El cáliz y la espada’, pág. 74, Editorial Cuatro Vientos, Santiago, 1990.
17 En la generalidad de los textos aparece el nombre de este gobernante
como ‘Lugalzagissi’, pero bien sabemos nosotros que el prefijo ‘lugal’
se refiere al título otorgado al gobernante entronizado. Desde ese punto
de vista, la asimilación del término ‘lugal’ a ‘rey’ es aceptable, pues
el ‘lugal’ era un militar entronizado como lo es el rey. Por lo mismo,
siguiendo ese mismo razonamiento, antepondremos nosotros dicho prefijo
al nombre Zagissi, y no emplearemos el de ‘Lugalzagissi’, usualmente
empleado, para referirnos al gobernante que enfrentó a Uru-Ka-gina.
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