MANUEL ACUÑA ASENJO.
Santiago, 23 de mayo de 2011
UN MARCO MUNDIAL DE REFERENCIA
Hace algún tiempo, sostuvimos que, a partir de la década de los noventa,
había iniciado el SKM un meteórico despegue para enfrentar el recorrido
de una nueva fase en su evolución. Llamábamos a dicha fase, a falta de
otra denominación mejor, ‘de expansión’, y la caracterizábamos por el
uso exhaustivo de dos extraordinarios instrumentos de trabajo que eran
el ordenador y la red social Internet.
Puesto que ambos instrumentos de
trabajo habían provocado la expansión sin precedentes del mercado
mundial y un flujo dinerario jamás antes visto, sosteníamos que el
Bloque en el Poder a nivel mundial se había modificado. La fracción
hegemónica dentro de aquel no era ya la burguesía industrial sola o en
alianza con la bancaria, sino ésta en alianza con la comercial. Una
modificación de esa naturaleza obligaba a los Bloque en el Poder
regionales y nacionales a adaptarse a esos cambios, lo que no era tarea
fácil pues importaba la realización de transformaciones en todas las
regiones del modo de producción vigente.

Por eso, al explotar las revueltas árabes,
sosteníamos que la causa de todas ellas radicaba, precisamente, en los
cambios que se habían producido en la estructura del SKM, y no en
aquellas que muchos analistas indicaban como tales. Indicábamos, por
consiguiente, que no debería sorprendernos si revueltas similares
pudiesen suceder en China, India y otros países orientales, lo que
efectivamente amenazó con ocurrir pero en menor escala, especialmente en
China, donde el despertar de las protestas fue prontamente acallado por
las autoridades, a través del empleo de medios altamente represivos.
Cometimos, no obstante, una falta imperdonable al fijar nuestro foco de
atención en las regiones que están fuera de Europa, Japón y Estados
Unidos (consideradas ‘centrales’ por algunos analistas) y, sobre todo,
en considerar a las mismas como un todo compacto y homogéneo. Como si en
su interior no se produjesen grietas ni se enfrentasen clases sociales
en pugna. Craso error. Olvidamos, por consiguiente, uno de los
principios básicos de la física que se reproduce en loa asuntos
sociales, un principio cuya obviedad asombra ―la cuerda se corta por el
lado más delgado―, que es el mismo principio (y permítasenos hacer aquí
una asociación poco exacta, pero que ilustra esta idea) sobre el cual
llamaba la atención Lenin cuando hablaba acerca del ‘eslabón más débil
dentro de la cadena imperialista’. Porque en el universo de las
relaciones humanas, también tiene vigencia el fenómeno de la ruptura
social cuando existen debilidades o fisuras en la estructura de la
sociedad; también las sociedades enfrentan protestas sociales cuando la
avaricia de sus clases y o fracciones de clase dominante las han hecho
débiles: España, entre otras.
FUNDAMENTO DE LA DEMOCRACIA
Una nación puede aceptar que las personas a cuyo cuidado están los
bienes comunes (administradores, legisladores, jueces o gobernantes)
cometan exacciones; puede aceptar, también, que esa práctica se realice
constantemente; puede tolerar, incluso, que se transforme en la forma
de vida de un sector frecuentemente conocido como predador. Pero, para
ello, se requiere conceder ciertos beneficios a determinados grupos
sociales o crearles la ilusión de la excelsitud (como sucede en Estados
Unidos), o destruirlos moralmente (como en el caso de México). En las
otras situaciones, la protesta se hará inminente.
Por consiguiente, no debe sorprender lo que sucede en un país con una
tasa de desempleo situada en niveles que resultan verdaderamente
inaceptables, y una juventud a la que se ha obligado a estudiar, a
prepararse para desempeñar los más altos cargos de dirección y que,
súbitamente, ve diluirse todas sus esperanzas, encontrándose sin
posibilidad alguna de conseguir algún empleo.
El SKM funciona dentro de un sistema democrático, precisamente porque
está basado en una convención, es decir, en la comunión (ficticia, por
cierto) de voluntades. Debe, en consecuencia, protegerse celosamente
para así dar seguridades al capital en cuanto a facilitar su desarrollo y
expansión sin trabas. Y esa seguridad no la logra sino a través de
proteger las instituciones que organiza con leyes y sanciones. Son las
clases y fracciones de clase dominante, en consecuencia ―y
contrariamente a lo que cree en su gran mayoría la mal denominada
‘izquierda’―, los sectores más interesados en hacer funcionar en
democracia ese sistema porque, de no hacerlo, la sociedad toda se hace
ingobernable: el temor de Hobbes en cuanto a que pueda regir el
principio del ‘homo homini lupus’ se hace presente. Fácil es suponer
que, en esas condiciones, es imposible la celebración de contrato alguno
y, por consiguiente, hacer negocios o acumular; es imposible, en suma,
no sólo proteger al capital sino su existencia misma: el modo de
producción capitalista pierde su razón de ser. La protección de la
democracia es, pues, labor fundamental de las clases y fracciones de
clase dominante. Protegiendo la democracia se protege la persistencia
del sistema, el que comienza a ser aceptado y defendido por los
explotados no sólo como su normal forma de existencia sino en el
carácter de la más excelsa.
EL ENRIQUECIMIENTO PERSONAL COMO OBJETIVO DE LA POLÍTICA
Sin embargo, esa tarea no es algo fácil de realizar. En la fase de
expansión del SKM, las actividades productivas reducen su tiempo de
realización: el lapso empleado para producir un bien o realizar
determinadas operaciones disminuye su longitud pues la rotación del
capital aumenta su velocidad. Ello no es casual. Maquinarias nuevas,
instrumentos de trabajo que suplen la presencia del trabajador y pueden
actuar por sí solos, permiten ese milagro de aumentar la productividad y
la rapidez en la entrega del producto. La vida adquiere una prisa
inusitada. Las mercancías abarrotan las estanterías de las casas
comerciales.
Los productos parecen encontrarse al alcance de todos, y todos quieren
tener acceso a ellos. Simultáneamente, también el deseo de enriquecerse
con prontitud se transforma en una necesidad. Y si ello no es posible
hacerlo dentro de los cánones establecidos por el sistema, ha de
realizarse fuera de los mismos: a veces, en virtud de la comisión de
delitos; otras, a través del atropello de valores morales no refrendados
con sanciones punitivas. El aumento de la delincuencia no obedece
solamente a una presunta perversión de la especie humana.
Esa prisa por adquirir con rapidez las riquezas que no se poseen, esa
angustia por tener más, y más y más, no afecta solamente a las clases
altas sino, igualmente, a las clases dominadas que son tambor de
resonancia de aquellas. No olvidemos algo crucial: las ideas de las
clases dominantes son las ideas de las clases dominadas; también sus
formas de vivir. Por eso, el deseo de tener, por sobre el de ‘ser’,
afecta, también, a muchos de los representantes de las organizaciones
políticas de la llamada ‘izquierda’ que ven multiplicarse sus
posibilidades para hacerse ricos en el ejercicio de determinados cargos.
La corrupción se asienta con fuerza en la política. El modelo de la
empresa privada se reproduce en el sistema público y una silenciosa
correa transmisora de influencias y prácticas de discutible moralidad se
hace presente ante una comunidad que contempla, a menudo estupefacta,
la sucesión e intercambio de múltiples actores en la escena política de
la nación. El desprestigio de la función pública como campo en donde se
realizan las prácticas políticas invade la vida social.
Cuando a esos hechos se añade una dramática indigencia de teoría social,
arrogancia y academismo enfermizo, el cansancio ante promesas
incumplidas y una labor cuya velocidad de rotación ha aumentado
considerablemente elevando, al mismo tiempo, el nivel de estrés de los
trabajadores, cuando las remuneraciones no alcanzan para hacer frente a
las compras de medios de subsistencia que diariamente requiere la
reposición de la fuerza o capacidad de trabajo propia o del grupo
familiar, cuando es imposible adquirir aquellos bienes a cuya posesión
nos invitan constantemente los rostros conocidos de la televisión , nos
encontramos ante una sociedad que espera el momento preciso para
explotar. Entonces, las consignas que una vez imperaron en el pasado y
aquellas que se elaboran teniendo en consideración los requerimientos
del presente vuelven a aflorar en letreros, pancartas, lienzos,
revistas, declaraciones y panfletos.
Los anhelos que durante mucho tiempo fueron largamente acariciados por
quienes participan dentro de esa formación social cobran, de súbito,
vida y adquieren presencia dentro de una realidad en donde todo parece
posible. El momento de la protesta se manifiesta con una potencialidad
que asombra, y no pocos se preguntan, unos a otros, qué ha pasado o por
qué todo eso ha sido posible.
LA REALIDAD DE UNA PROTESTA
Una protesta no significa, necesariamente, cambio de sociedad; pero
puede significarlo. Al igual que una revolución, que no tiene por qué
ser, necesariamente, proletaria. Como ésta, depende de muchas variables.
Entre otras, de un claro mensaje social y de una constancia que ponga a
prueba el temple de sus promotores.
Generalmente, las protestas sociales están constituidas por conjuntos
humanos cuyas formas de pensar son bastante disímiles: los seres humanos
somos diferentes, pero esa circunstancia no obsta a que,
constantemente, se estén construyendo organizaciones. La protesta no es,
en sí, una organización en términos clásicos; lo es en cuanto a
realizar los fines propuestos
pues exhibe concertación de voluntades y sincronización de actos. En
realidad, es una reunión que tiene lugar cuando determinados intereses y
emociones se hacen comunes a vastos contingentes de personas, intereses
y emociones que se descubren cuando un suceso ajeno opera en el
carácter de detonante social; la unión no se da ante otros intereses que
no sean aquellos. Digámoslo de otra manera: jamás una protesta hará
público un documento que contenga reivindicaciones programáticas o
propondrá un plan de trabajo a la comunidad, sino simples proposiciones
elaboradas a la grupa de los acontecimientos. Una protesta es motivada
por aspiraciones que no han sido satisfechas por las autoridades y los
manifestantes suponen que planteándolas en forma colectiva lograrán sus
objetivos. Por eso, los grupos se disgregan cuando tales motivaciones
dejan de ser colectivas o no existe posibilidad alguna de realizarlas de
ese modo.
Sin embargo, cuando las organizaciones sociales se ven obligadas a
mantenerse, porque aún existe voluntad de seguir luchando y no se ha
logrado la concreción de los fines propuestos esa sola circunstancia
ayuda a consolidar el trabajo colectivo, pues en el transcurso del
tiempo se uniforman las formas de pensar y reaccionar de sus
componentes. Persistencia de las protestas, congruencia en el espíritu
de la manifestación, alegría y confianza en lo que se hace, fortaleza
espiritual de quienes las llevan a efecto, permiten que suceda el
milagro: como ocurre con las piedras de un río que, arrastradas por la
corriente, chocan unas contra otras para terminar, finalmente,
asimiladas unas a otras, limados sus bordes, reducido su tamaño, las
formas de pensar se van unificando y uniformando en la lucha social. La
persistencia de una protesta tiene, precisamente, por finalidad
armonizar las formas de relación humana y preparar a sus protagonistas
para enfrentar con propiedad las tareas que el futuro les depara. Es lo
que ocurre cuando las consignas empleadas y los documentos elaborados
comienzan a revelar un pensamiento común; el espíritu que las anima se
revela, de pronto, como expresión de lo nuevo. Aún cuando no lo indique
con precisión. El ‘stato nascente’ de Alberoni se ha hecho presente.
Una protesta que se limite solamente a exigir más democracia puede aunar
voluntades, pero no ha entendido aún el principio central que guía al
SKM según el cual son las clases y fracciones de clase dominante los
sectores más interesados en restituir los valores de aquella; es, por
consiguiente, una protesta que se encuentra enredada y presa en los
lazos de la ideología vigente. Aún cuando bajo esa expresión se quiera
expresar la voluntad de exigir una mayor participación ciudadana en la
solución de los problemas que son comunes a todos. No sucede de manera
diferente con quienes defienden el progresismo o desarrollismo como
expresión de lo nuevo.
EL MOVIMIENTO 15-M
Los efectos del llamado ’15-M’ o ‘Movimiento del 15 de Mayo’ no
constituyen solamente un hito en la historia de las luchas sociales en
España. Al desencadenar una de las más exitosas protestas sociales de
las que se tenga memoria en los anales de las luchas de los hispanos por
alcanzar mejores condiciones de vida constituyen, a la vez, un desafío a
la institucionalidad vigente y la esperanza de un futuro mejor.
Originadas para responder a la convocatoria a elecciones municipales
hecha por las autoridades españolas a realizarse el domingo 22 del
presente, se han transformado en la más genuina expresión de la
indignación ante el abuso reiterado de las organizaciones políticas
tradicionales. Es un movimiento que ha empleado las mismas formas de
convocatoria de sus símiles en Arabia. No por algo hay quienes sostienen
existir una estrecha relación entre ellas, lo cual confirma el hecho
que se trata de un fenómeno de traspaso de umbral: las protestas
españolas confirman el ingreso del SKM a una nueva fase en su evolución
que, para completar su ciclo, puede extenderse, perfectamente, por
varias décadas más.
El fenómeno comenzó el 15 del presente, cuando vastos contingentes de
personas comenzaron a darse cita en determinados centros neurálgicos de
las ciudades españolas a fin de hacer presente su indignación ante la
actuación de las autoridades que no sólo evitaban dar solución a los
problemas de las grandes mayorías nacionales sino se enriquecían a costa
del erario nacional. La convocatoria fue al margen de las
organizaciones políticas y sociales tradicionales. Como era de
esperarse, aparecieron allí algunos representantes políticos que muy
pronto fueron alejados por los propios manifestantes que no deseaban
verse involucrados con ellos.
Las protestas en España no constituyen un momento más en la vida de esa
nación: la forma perfecta de organización que han demostrado tener, la
persistencia de sus acciones, la tendencia a crecer más que a estancarse
o disminuir, el apoyo cada vez más solidario de la población a los que
acampan bajo la lluvia en condiciones tremendamente difíciles, las
consignas anti sistema que han comenzado a elaborarse, las declaraciones
de sus voceros, la negativa a obedecer las resoluciones de la
autoridad, la inexistencia de un apetito voraz por dirigir, el rechazo a
los partidos políticos y a su dirigencia, la organización horizontal
que han ido construyendo, todo indica que estamos ante un movimiento ‘in
stato nascente’ (en palabras de Franceso Alberoni), un despertar de los
desposeídos y sus aliados que se sienten, hoy, capaces de mostrar el
esbozo de una alternativa a la sociedad en que viven. Es más: no han
sido afectadas por los resultados electorales del 22 de este mes. Y eso
es, de por sí, algo tremendamente importante.
Estas protestas, que comenzaron en algunas ciudades del reino, se
extendieron a 166 y se han realizado en todas las localidades de España
e, incluso, en varias ciudades del mundo, merecen especial atención.
Nada impide que su modelo se repita en otras naciones del continente
europeo ―e, incluso, del mundo― afectadas por la crisis en que las han
sumido la voracidad de sus clases y fracciones de clase dominante.
Es cierto que nacieron como expresión del descontento social, en
especial, de las altas tasas de desempleo en la nación ibérica (23%)
que, en los sectores juveniles alcanza a un 45%; es cierto que nacieron
como reacción ante un hecho puntual como lo han sido las elecciones
municipales y autonómicas del 22 de mayo; es cierto que se han visto un
tanto reducidas y olvidadas luego de realizadas las referidas
elecciones, pero no es menos cierto que constituyen algo nuevo: una
verdadera oposición, un verdadero enfrentamiento con la
institucionalidad vigente. Porque hoy, ya no puede decirse que existen
tan sólo dos fuerzas políticas que se disputan la conducción hegemónica
del conjunto social en España. Una tercera fuerza ha hecho su aparición:
los votos nulos y en blanco, sumados al porcentaje de abstención
histórico, constituyen, a no dudarlo, una expresión de la voluntad
soberana. Porque nadie vota en nulo, blanco o se abstiene de por sí,
sino porque no confía en los instrumentos que entrega el sistema a los
ciudadanos para expresar sus inquietudes o hacer valer sus derechos. Una
protesta es la voz de los sin voz. La política, que es el campo en
donde se realizan las prácticas políticas, también está integrada por
estas voces silenciosas que exigen ser consideradas como una fuerza
social de magnitudes.
¿ES POSIBLE UNA PROTESTA DE ESAS CARACTERÍSTICAS EN CHILE?
Chile es un país en donde se reproducen muchas de las condiciones
sociales y económicas que se dan en la España de las protestas. Las
razones de estas similitudes han de encontrarse no sólo en su carácter
de ex colonia de la nación europea sino, además, y hoy, en el activo
intercambio comercial que existe entre ambas naciones, en ningún caso
favorable a las clases dominadas chilenas. Las inversiones hispánicas
son tantas que no resultan extraños los comentarios de quienquiera que
sea cuando alude o hace mención a una presunta segunda colonización de
la nación europea. Por lo demás, las ciudades de España, con sus
universidades y centros de estudios superiores, se han transformado en
el centro obligado para el perfeccionamiento profesional de los chilenos
cuya nación es considerada altamente ‘rentable’ por los ibéricos.
Parecidos, no obstante, nos conducen ineluctablemente a establecer
diferencias. Y es que necesario establecer una diferencia crucial: en
España no se presenta en forma tan extrema el desnivel de remuneraciones
entre los más ricos respecto de los más pobres como sucede con Chile.
En consecuencia, el grado de criminalidad y corrupción tampoco es tan
alto como el que existe en Chile.
Si bien es cierto hay en España personas que ganan grandes sumas de
dinero, los menos favorecidos tienen, por lo menos, asegurado el
sustento, algo que no sucede en Chile, país en donde la propia Iglesia
ha debido salir al paso para reclamar por un sueldo ético que ningún
político quiere conceder (tanto de la Concertación como de la Alianza).
Para nadie es un secreto saber que los rostros conocidos de la
Televisión ganan sueldos por sobre los 18 millones de pesos mensuales ,
cifra comparable sólo a las que se pagan en las naciones ‘desarrolladas’
, entre las que quiere contarse la fracción hegemónica chilena del
Bloque en el Poder. Las remuneraciones no se limitan a esa cifra: los
‘famosos’ reciben, además, cuantiosas participaciones por incitar a los
chilenos a consumir determinados productos o a endeudarse en alguna
institución financiera. Sin embargo, lo que sucede en el plano de la
farándula y del espectáculo no es sino un reflejo de lo que ocurre en la
empresa privada. A fines de marzo pasado, informaba ‘El Mercurio’ que
los directores de empresas reciben un promedio de 58,6 millones de pesos
anuales sólo por asistir a las sesiones de las mismas; ninguno de ellos
tiene menos de 3 empresas en las que se desempeña como tal y, en
algunos casos, hay directores que se desempeñan en 9 empresas como lo es
el caso de Jorge Eduardo Marín Correa . Es conocido el caso del pago
que el Gerente General de una empresa estatal hacía a una secretaria de
la misma ($ 9.000.000): permite preguntarse cuánto ganaba ese mismo
ejecutivo.
En un país como Chile, donde el sueldo que percibe el sector mayoritario
de la población no excede los 300 mil pesos , la existencia de ese tipo
de remuneraciones constituye un verdadero insulto, una bofetada en
pleno rostro a los demás chilenos y justificaría con creces
movilizaciones en torno a exigir una mayor igualdad social.
Gran parte de las instituciones que realizan obras sociales viven de la
caridad no de los grandes financistas, sino del consumidor de
supermercados (los supermercados están, constantemente, solicitando la
donación del ‘sencillo’ a sus clientes para determinada obra social) o
del que contribuye con su aporte a las colectas (Bomberos, Teletón,
CONIN, Cruz Roja, en fin). Esta persistencia a vivir de la caridad
ajena, especialmente la que proviene de las clases dominadas
naturalmente más solidarias que las dominantes, se advierte, incluso, en
los dramas personales como lo es el caso de Carlos Miranda, un joven
que sufre de leucemia, a quien un destacado futbolista ayudó a reunir el
dinero que necesitaba ($ 50.000.000) para terminar su tratamiento.
Sin embargo, aparte de estas diferencias con España, Chile también
ostenta ciertas similitudes con esa nación. Una de ellas es la alta
preparación que han alcanzado sus nacionales en materia de estudios.
Esta característica, que debería constituir una cualidad y, a la vez,
una ventaja, se ha convertido, precisamente, en uno de los más efectivos
detonantes de las protestas ibéricas. La generalidad de los
profesionales que sale año a año de las universidades no tiene
posibilidad alguna de trabajo transformándose la sobrecalificación, de
esta manera, en un verdadero lastre social. En Chile, la situación no
es, en modo alguno, diferente.
En una entrevista que le hiciera el periódico digital ‘El Mostrador’, a
poco de finalizar la exitosa marcha en contra del proyecto Hidroaysén,
expresaba la bella e inteligente presidenta de la Federación de
Estudiantes de la Universidad de Chile FECH, Camila Vallejo, al
respecto:
“De partida, la realidad del posgrado es bastante preocupante también.
Hoy día no sirve de nada ser un profesional con un título de pregrado.
Tu título en el mercado no es competitivo, entonces todos tienen que
esforzarse aún más por pagarse un arancel caro y son muy pocas las
ayudas que hay. Es fácil convertirse en mano de obra barata. Hay gente
que hace investigación, cursos y no se le paga lo suficiente, entonces
en un sector súper preocupante, porque la mayoría no son gente
acomodada. Uno podría contribuir con el conocimiento que se libera de
los egresados, pidiendo por ejemplo, que si estudiaron con ayuda del
Estado se dedique al menos dos años para el Estado” .
Así, pues, existen condiciones que puedan acercar a Chile a las
protestas de España. Las movilizaciones sociales que han comenzado a
realizarse por impedir que se concrete el proyecto de Hidroaysén pueden
convertirse, precisamente, en un comienzo promisorio.
1 - Esta es una labor que cumplen los conocidos de la Televisión,
algunos de los cuales pertenecen o simpatizan con organizaciones como lo
es la Concertación (Felipe Camiroaga, por ejemplo). Demos algunos
ejemplos: Lucho Jara nos indica que debemos comprar con tarjeta Presto
(una de las más peligrosas del mercado), Tonka Tomicic nos insiste en
que es necesario comprar en Almacenes París; Claudia Conserva nos indica
que lo mejor para comprar es Easy; Cecilia Bolocco nos pide sonreÍr
porque tenemos la alegría de contar con una tienda como Falabella y
podemos, también, solicitar créditos en el Banco Falabella. Miguel
Zabaleta se refocila ante sus teleespectadores devorando la mayonesa
Hellmans a la vez que nos invita a endeudarnos con el ABC Din, Felipe
Camiroaga nos induce a comprar en Ripley, y Rafael Araneda nos exige
hacerlo en Hites. Lo cierto es que todos nos incitan a comprar, a
realizarnos en el mercado, a transformarnos en una mercancía más como
ellos han llegado a serlo.
2 - Según datos proporcionados en el programa ‘Primer Plano’, del Canal
‘Chilevisión’, algunos de estos afortunados eran Felipe Camiroaga, con
22 millones; Tonka Tomicic, con18 millones; Cecilia Bolocco, con 25
millones.
3 - Aproximadamente 25 mil euros mensuales.
4 - Véase ‘Economía y Negocios’, de ‘El Mercurio’, 27 de marzo de 2011, pág. 4.
5 - Aproximadamente 300 euros.
6 - Saleh, Felipe: “Camila Vallejo y las movilizaciones del 21 de mayo:
‘Hoy día no sirve de nada tener un título’”, ‘El Mostrador’, 21 de mayo
de 2011.
Santiago, 23 de mayo de 2011
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