MANUEL ACUÑA ASENJO. Santiago, septiembre del 2011
Las protestas estudiantiles que se desencadenaron en Chile a partir del
14 de junio pasado, que siguen activas y que, probablemente, continuarán
estándolo un tiempo más bajo distintas formas y referencias, nos
permiten formular una serie de reflexiones. A ellas nos referiremos en
las páginas que siguen a continuación.
PERSISTENCIA DEL MOVIMIENTO EN EL TIEMPO
Una de las primeras interrogantes que surgen en relación al movimiento
estudiantil de 2011 dice relación con su supervivencia, su persistencia o
prolongación en el tiempo, circunstancia que sorprende no a pocos
políticos y estudiosos, y maravilla a quienes cifran en ello sus
esperanzas por el advenimiento de una sociedad mejor.
Sostengo, fundamentalmente, en esta materia, y a riesgo de parecer un
tanto simplista, que la clave de dicha permanencia no es otra sino,
precisamente, su carácter de ‘movimiento’, es decir, de agrupación
social, de unión de numerosos individuos en torno a un descubrimiento
común, una revelación que los afecta a todos, una nueva perspectiva para
ellos acerca de la realidad. O, como lo define Francesco Alberoni,
“El movimiento es el proceso histórico que va del estado a la
institución y que termina cuando la institución se encuentra por entero
consolidada y ha reproducido la cotidianeidad” .
Y es que resulta crucial, para estos efectos, definir lo que ha de
entenderse por movimiento. Porque a partir de esa definición pueden
desprenderse otras consideraciones.
Para abordar estas materias, sin embargo, previo es introducirnos,
aunque sea brevemente, en las tesis del investigador italiano.
En efecto, sostiene Francesco Alberoni, uno de los pioneros en el
estudio de los movimientos sociales, que en las sociedades donde existe
una fuerte división del trabajo ningún individuo puede sobrevivir sin el
aporte de los demás, circunstancia que obliga a vivir en comunidad. Al
establecerse ese grupo humano en el carácter de estructura social se
organiza, al mismo tiempo, un campo de solidaridad que puede ser más o
menos intenso según el tipo de organización que adopten sus fuerzas
sociales en disputa.
“Observando estos fenómenos heterogéneos, he llegado a la conclusión que
el fenómeno más original, más específico que lo caracteriza, es algo
que se encuentra en la mente del individuo. Una experiencia, un modo de
ver el mundo y de comportarse con los demás que he llamado ‘estado
naciente’. Cuando viven esta experiencia tienden los individuos a formar
campos de solidaridad increíblemente intensos y exhiben una capacidad
de renovación, de riesgo, de proselitismo extraordinariamente más
elevada que la empleada en la vida cotidiana. El movimiento se ha puesto
en acción en estos núcleos sociales, tal vez pequeñísimos, que se
reconocen unos a otros y que, sobretodo, ejercitan una acción de
movilización y de guía” .
La solidaridad social, entonces, comienza a hacerse manifiesta en forma
de efervescencia colectiva. Pero esta manifestación, para poder ser
posible, oculta una clave, un secreto, un mecanismo que la guía, al cual
se refiere Durkheim con las siguientes palabras:
“Cuando las conciencias individuales, en lugar de separarse unas de
otras, entran estrechamente en unión e interactúan activamente unas
sobre otras, de esa síntesis emerge una vida psíquica de nuevo tipo.
Esta se distingue de aquella que guía al individuo solitario en primer
lugar por su particular intensidad: los sentimientos que nacen y se
desarrollan en el seno de los grupos tienen una energía a la que no
llegan los sentimientos puramente individuales. El hombre que la
experimenta tiene la impresión de estar dominado por una fuerza que no
reconoce como suya, que lo trasciende, que no domina […]”
Si el ‘movimiento’ es el proceso histórico que va desde el estado
naciente a la institución y que termina cuando ésta se consolida y
reproduce la cotidianeidad, ‘movimiento’ pasa a ser sinónimo de ‘estado
naciente’; y ‘estado naciente’, a la vez, de ‘movimiento’. Pero este
hecho no sucede en cualquier momento ni en cualquier lugar. Como lo
expresa Alberoni:
“Los grandes movimientos surgen cuando en el sistema social han madurado
las condiciones económicas, sociales y políticas que provocan, a un
cierto punto, el simultáneo activarse de muchos procesos de estado
naciente” .
Un grupo humano en estado naciente es un grupo capaz de hacer grandes
transformaciones, de provocar cambios espectaculares en el campo de la
solidaridad. Y es que dicho estado no es un simple acto intuitivo, una
emoción que dura un minuto, una hora, un día. Alberoni lo expresa con
las siguientes palabras:
“Es el descubrimiento que la propia vida precedente fue malgastada, que
el mundo es distinto a como creíamos y que puede ser cambiado. El estado
naciente es abandonar lo conocido y abrazar lo ignoto. Es una muerte y
un renacimiento, un cambio irreversible que determina todos los
comportamientos sucesivos” .
El estado naciente es, pues, un estado que se prolonga en el tiempo
porque es un convencimiento de estar obrando en conformidad a lo que se
cree o piensa.
Entonces, no por otra causa el movimiento estudiantil chileno ha
perdurado y seguirá haciéndolo en el futuro (si es que prosigue); y es
porque se encuentra en ‘estado naciente’, porque tiene el convencimiento
de estar actuando en la forma debida, porque, en suma, tiene la mística
que requiere toda organización humana para realizar sus ideas, para
hacerlas posible. Lo que nos lleva a preguntarnos qué es lo que,
realmente, quiere.
LAS PRETENSIONES DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL
Es un hecho cierto que el movimiento estudiantil chileno comenzó
planteándose problemas de carácter gremial tal como sucede con todo
movimiento, en este caso, extensión del carnet escolar, solución al
problema del endeudamiento (Chile es uno de los pocos países del mundo
en donde el estudiante ―o el padre, la madre o apoderado, en su
defecto―debe pagar sus propios estudios para poder acceder a una
educación superior), mejoramiento de los locales y establecimientos
escolares, en fin. Pero la lucha por determinadas mejoras conduce
inexorablemente a la discusión del por qué se producen esos problemas.
Una vez determinados aquellos, se hace necesario plantearlos a la
autoridad. Pero cuando eso sucede y se reciben solamente excusas y
explicaciones que no van al fondo del problema, la decepción estalla. Y
es que al tema del endeudamiento se da, como único remedio, la
consolidación, que no es sino la prolongación en el tiempo de las cuotas
a pagar, con el consabido aumento de los intereses bancarios, pues son
los bancos quienes hacen negocio con los jóvenes. Entonces, algo indica
que el objetivo de la educación es el negocio, el ‘lucro’, que vastos
sectores del comercio se lucran con la educación, que hay ‘sostenedores’
y beneficiarios de los dineros estatales. Y los jóvenes se preguntan
¿por qué ‘sostenedores’? ¿Por qué no una educación gratuita si es el
Estado quien está manteniendo a los ‘sostenedores’? Las demandas
gremiales cambian, así, de naturaleza. Porque, en verdad, lo que sucede
es que hay un sistema educacional construido en función de un modelo
económico, de una forma de acumular que requiere extraer dinero de quien
sea: lo único que interesa es la existencia de alguien obligado al
pago. El sistema educacional comienza a ponerse en tela de juicio y,
junto con él, la forma de acumular o modelo económico. Y toda la
organización social. En ese momento, el movimiento se transforma y ya no
es un movimiento gremial sino político. Los estudiantes se plantean
frente al Estado y comienzan a desafiarlo. Hablan de la necesidad y
urgencia de cambios. Cuando el Estado subroga a los ‘sostenedores’
enviando servicios policiales en contra de los estudiantes, el
movimiento, entonces, deviene por completo en político.
EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL EN LA NUEVA FASE
El movimiento estudiantil chileno no surge como algo aislado. Es
resultado de los cambios que está produciendo el sistema capitalista
mundial (SKM) en su fase de expansión. Los movimientos surgen como una
forma de hacer frente a las frecuentes transformaciones que tienen lugar
en las distintas zonas del planeta.
En uno de nuestros documentos publicados por este medio en diciembre del
año 2008 , señalábamos nosotros que, a partir de la década de los 90,
había ingresado el sistema capitalista mundial (SKM) a una nueva fase
dentro de su evolución, a la cual, y a falta de un nombre mejor,
quisimos denominar ‘de expansión’.
En el recorrido de esa nueva fase, sostuvimos que tal sistema buscaría
expandirse hacia todos lados a fin de abarcar todo el orbe y hacerse
planetario, cumpliendo de esa manera su finalidad esencial. No olvidemos
que el ‘capital’ es un valor que se valoriza y busca acrecentarse
constantemente. Tal es su esencia y finalidad.
Indicábamos, además, que para formular tal afirmación nos parecía
suficiente entregar tan sólo una razón cual era la incorporación al
proceso productivo de dos extraordinarios y nuevos instrumentos de
trabajo, a saber, el ordenador y la red mundial Internet, instrumentos
que habían permitido no sólo desarrollar
“[…] formas de comunicación por entero nuevas y más veloces, sino han
revolucionado la sociedad hasta alcanzar límites increíbles, alterando
el trabajo y su manera de realizarlo. Al revolucionar las formas de
comunicación, el ordenador e Internet se han transformado en el motor
por excelencia de la propagación del flujo monetario y de la
transferencia del dinero hacia y desde los centros neurálgicos del
capitalismo mundial. Y han transformado al ser humano. Computadora e
Internet han sido, en consecuencia, los factores decisivos en la
expansión sin precedentes que ha experimentado la forma de acumular
vigente ”.
Concluíamos indicando que, a consecuencia de tales transformaciones, una
era también de cambios, modificaciones y alteraciones había de hacerse
presente en todos los rincones del planeta. Las naciones, de una u otra
manera se verían afectadas siendo obligadas a adecuar sus formas de
funcionamiento ante los inevitables nuevos requerimientos que impondría
el SKM.
Por eso, cuando estallaron las protestas en el mundo árabe, no
atribuimos la causa de dicho fenómeno, como lo hicieron otros analistas,
a situaciones de extrema miseria, de opresión, al intervencionismo de
las naciones occidentales, en fin, sino sostuvimos que aquella radicaba
fundamentalmente en la necesidad que tenían las naciones árabes de
hacerse funcionales a los nuevos requerimientos del SKM. El todo volvía,
una vez más, a decidir el destino de la parte.
SIGNIFICADO DE LA EXISTENCIA DE UNA NUEVA FASE
No basta, sin embargo, decir, simplemente, que el SKM ha comenzado a
recorrer una nueva fase en su evolución. Es necesario agregar que cuando
se habla de la presencia de una nueva fase nos estamos refiriendo, al
mismo tiempo, al inicio de una nueva configuración, es decir, de un
período en el que la distribución de los elementos que componían el
anterior no es la misma pues algunos que parecían importantes han pasado
a no serlo y los que parecían no tener valor alguno han adquirido, de
súbito, gran relevancia. Dicho de otra manera: la disposición de
determinados elementos que permitía el funcionamiento del sistema se han
alterado; los que aún no han experimentado cambios deben comenzar a
adecuarse, a hacerse funcionales a los que sí lo han hecho para que el
sistema funcione con agilidad.
Todo ello no significa que el SKM haya alterado su esencia. En modo
alguno. El sistema sigue siendo capitalista pues su motivo central es la
producción de capital; para ello requiere de los componentes básicos
del capital, es decir, dinero, existencia de comprador y vendedor de
fuerza o capacidad de trabajo y producción de plusvalor. Sin embargo,
la forma de realizar la percepción de aquel no es la misma, ha variado,
se ejecuta de manera diferente. En consecuencia, muchos de los
instrumentos que se ocupaban en el recorrido de la fase anterior y
parecían útiles, en la nueva pueden no serlo. Más, aún: pueden resultar
ser trabas para el funcionamiento del mismo.
Los instrumentos con los cuales cuenta una sociedad son, generalmente,
formas de organización, estructuras jurídico-políticas e ideológicas,
modelos que se aplican en determinados períodos y corresponden a las
necesidades propias de la misma, que son las necesidades del todo. Por
eso, una sociedad adopta determinados modos de funcionar en el plano
económico, jurídico-político y cultural. Una determinada forma de
realizar los negocios exige instituciones que faciliten aquella, un
ordenamiento jurídico de esa naturaleza y una forma de comportarse que
debe adoptar toda la comunidad. Las leyes y las costumbres no se
establecen porque sí. Tras esas formas de regulación jurídica y moral
hay toda una historia de acomodos y reformas que les han permitido
llegar a ser lo que son hoy. Parlamentos bicamerales dejan, de súbito,
serlo para hacerse unicamerales; partidos que funcionaban de determinada
manera dejan de existir o se fusionan para dar origen a otro u otros o,
simplemente, desaparecen; alianzas que existían dejan de ser útiles y
se ensayan otras más eficaces.
IMPORTANCIA DE LAS RELACIONES DINERARIAS
Hemos sostenido que la nueva fase que comienza a recorrer el SKM se
caracteriza porque el capital bancario en estrecha alianza con el
comercial se ha impuesto sobre el industrial. Nada de ello es casual.
Que hoy en día el control hegemónico del bloque en el poder a nivel
planetario, regional y local lo detente la alianza bancaria/comercial
puede explicar muchas cosas. Incluso, el escandaloso aumento de la
corrupción, elemento que se ha mostrado crucial en el desarrollo de las
protestas de nuevo tipo (‘indignados’ y estudiantes) que repudian a los
políticos.
¿Cómo pudo ser ello posible? La masa de dinero que circula en el planeta
tiene su origen en el dinero emitido por las casas estatales (que es el
dinero corriente, integrado por billetes y monedas) y el dinero giral
(que es el dinero producido por la actividad bancaria). El dinero giral
es un dinero creado por el crédito. La incorporación de la computadora e
Internet facilitó la transacción dineraria. Un instrumento que había
empezado a operar por los años 60 (la tarjeta de crédito) encontró, de
súbito, la posibilidad de expandirse sin control de Banco Central
alguno. La masa monetaria aumentó en forma exponencial. La creación de
bancos por parte de la burguesía comercial elevó más aún el dinero
proveniente del crédito; también la multiplicación de los seguros
asegurados por otros seguros y la liquidación de tales títulos. El
dinero se expandió de manera brutal. La banca ideó cada vez mejores
medios para apoderarse de la masa dineraria circulante. La usura pasó a
ser la forma natural de vida de un amplio sector de las clases y
fracciones de clase dominantes. Quienes no pudieron acumular a través de
esos medios lo hicieron a través de la realización de una serie de
actos, muchos de los cuales no constituyen delito aunque sí
inmoralidades. O amoralidades, en su caso. Tal es lo que sucede con la
corrupción. Estado e instituciones se corrompieron; también los jefes de
estado y parlamentarios y, naturalmente, gran parte de los partidos
políticos y algunas organizaciones sociales. La dicotomía entre
‘izquierda’ y ‘derecha’ ayudó a esta labor. Los representantes
‘izquierdistas’ estaban más interesados en obtener cargos con rentas
elevadas que de solucionar los problemas de las grandes mayorías
nacionales. Muchos de ellos, a poco de ser elegidos, comenzaron a
gobernar para la ‘derecha’ en tanto la gente de ‘derecha’ lo hacía para
sí y para dejarles lugar a los ’izquierdistas’ que trabajaban para ella.
El desprestigio de la política y de los políticos se hizo presente con
la fuerza de un huracán. El escaso interés por participar en las
contiendas electorales se ha convertido en un buen índice de este
fenómeno.
LAS TRANSFORMACIONES DE LOS SECTORES DOMINANTES SON LAS TRANSFORMACIONES DE LOS SECTORES DOMINADOS
Cuando las estructuras políticas (como los partidos), creadas por los
sectores dominantes para el adecuado funcionamiento de la democracia,
entran en crisis por las razones antedichas y se desprestigian, y los
propios sectores dominantes ponen en duda la excelsitud de dicho
funcionamiento, resulta casi ocioso preguntarse a qué se debe la escasa
participación popular en las contiendas electorales. Entonces, todas las
organizaciones del Estado comienzan una campaña desesperada por incitar
a los votantes a votar, a pedir a todos que las ayuden a robustecer el
sistema democrático, que es la única forma que tienen de legitimarse
ante la comunidad.
Pero eso no sucede de la manera que ellos quieren. También los sectores
dominados entienden que, al producirse cambios sustanciales en el campo
de acción de ‘los de arriba’, también ‘los de abajo’ deben ensayar
formas propias de organización. No ocurre en el área social y política
algo diferente a lo que ocurre en el campo cultural; también al
desarrollarse una cultura de los sectores dominantes se desarrolla una
cultura entre los sectores dominados, dependiente, a la vez que
autónoma, repetitiva a la vez que original, pero muy propia, muy
auténtica, muy típica.
La correspondencia que ha de existir entre los requerimientos que
plantea el recorrido de una nueva fase en la evolución del SKM para
determinada nación y el funcionamiento de sus institutos no es distinta a
la que debe existir entre sectores dominantes y sectores dominados. Con
una diferencia: cada vez que ello ocurre y los sectores dominados deben
adecuarse a las innovaciones que introducen los sectores dominantes al
funcionamiento de las instituciones políticas de la nación, en ese
momento pueden ensayar formas diferentes y romper las estructuras de la
sociedad en busca de una que refleje con mayor propiedad la nueva forma
de solidaridad que les interesa establecer.
LOS MOVIMIENTOS SOCIALES DE NUEVO TIPO
No puede, en consecuencia, decirse que los movimientos actuales sean los
mismos de antaño. Ni hacerse comparaciones. Se trata de movimientos de
nuevo tipo. Corresponden a la fase que actualmente recorre el SKM en su
evolución y que no pueden ser encasillados con los del pasado sin riesgo
de incurrir en analogías anacrónicas.
Las características de estos movimientos son, entre otras:
1. Autonomía. Los movimientos sociales que se han destacado en 2011 se
muestran como estructuras esencialmente autónomas. Desde este punto de
vista, puede considerárseles como expresión de un colectivo, de una
agrupación, de un contingente humano que, habitando un mismo territorio o
practicando una misma labor o actividad, se encuentran unidos en torno a
la defensa de sus intereses comunes. No son creados, en consecuencia,
por partido político alguno o acto de autoridad; simplemente, aparecen
como expresión de voluntades que desean actuar colectivamente en torno a
materias o problemas que les son comunes.
2. Autoorganización. Como consecuencia de lo anterior, se trata de
estructuras sociales autoorganizadas, creadas por sus mismos actores
como expresión una necesidad colectiva. Generalmente, la forma de
organización que adoptan está estrechamente ligada a lo que determinan
sus propias necesidades; aunque la ley establezca la forma de hacerlo.
Desde este punto de vista, puede decirse que los movimientos sociales
nuevos son independientes y soberanos porque usan la ley (aunque no la
compartan), lo que no les impide darse la organización que ellos
quieren.
3. Autorregulación. La capacidad que tienen estas organizaciones de
autoorganizarse también las hace autorregularse pues la reglamentación o
condiciones que van a emplear sus componentes sociales (miembros) para
relacionarse entre sí son producto del mismo colectivo. Como en el caso
de la autoorganización, también la autorregulación opera al margen de la
ley. Aunque la propia ley establezca cómo se han de regir las
relaciones entre ellos, también sus miembros operan como ellos lo
quieren. La ley es usada, pero en la medida que no abrogue la voluntad
del colectivo.
4. Separación de las organizaciones políticas tradicionales. Las nuevas
organizaciones evitan el contacto con los partidos y sus dirigentes.
Prefieren definirse como organizaciones independientes de carácter
gremial, vecinal, sindical, estudiantil o de otro tipo, pero en ningún
caso dar a conocer un nexo que las identifique con las estructuras
políticas de la nación. En los casos en que la dirigencia partidaria
intenta participar en sus manifestaciones, el movimiento la rechaza
enérgicamente pues existe un repudio al actuar político.
5. Empleo del ‘vocero’. Estas organizaciones tienen dirigentes naturales
que no actúan en el carácter de tales sino, más bien, de ‘voceros’, es
decir, personas que hablan a nombre de un colectivo. No se trata, por
consiguiente, de ‘líderes’ o ‘jefes’, ni mucho menos de ‘autoridades’,
sino de personas que actúan con sujeción a la voluntad de un colectivo.
6. La dirección, por consiguiente, es colectiva, lo cual no significa
sino que el grupo actúa de común acuerdo, con representantes naturales
elegidos en asambleas. El colectivo es la única autoridad. Estos grupos
pueden dar origen a una organización mayor, siempre y cuando las
asambleas respectivas se pronuncien sobre el particular.
7. Empleo eficaz de los avances tecnológicos. Ocupan intensamente toda
la tecnología que ha desplegado el avance de las fuerzas productivas: se
conectan por teléfono móvil, toman testimonio (fotografías) de las
protestas con sus propios teléfonos y hacen denuncias a las autoridades
respecto del proceder de sus subordinados a través del mismo
instrumento, emplean la red de Internet (Facebook, E-mail, Twitter),
utilizan hábilmente el computador, el scanner, el MacBook, la impresora
láser, el I-Phone, el I-Pad, el MP-4, en fin. En suma: se encuentran
permanentemente comunicados gracias al prodigioso avance de las fuerzas
productivas, porque se trata de una juventud tecnificada. Desde este
punto de vista, se trata de una juventud preparada para asumir el
control completo de la sociedad.
8. Ocupan territorialmente un determinado lugar que es el de sus propias
actividades, el colegio en donde estudian o la plaza que consideran
adecuada. No por algo realizan tomas en los colegios e instituciones
donde actúan corrientemente. Queremos con ello indicar que reivindican
en virtud del derecho de uso la propiedad territorial en donde realizan
sus actividades (colegios, liceos, universidades, centros de estudios).
No han sido capaces aún de realizar las protestas apropiándose de los
territorios en que viven porque sus motivaciones han sido diferentes,
pero no es imposible suponer que lo hagan en el futuro.
9. La inmensa mayoría de ellos son jóvenes, estudiantes secundarios y
universitarios o vendedores (potenciales o efectivos) de fuerza o
capacidad de trabajo. Tratándose de estudiantes, son personas sin
importancia para el sector institucional pues no participan en votación
alguna. Sin embargo, este aspecto, tiene importancia crucial para los
sectores conservadores, preocupados de solucionar los problemas de una
sociedad en base a elecciones sucesivas.
10. Actúan con el respaldo de sus padres y apoderados y, en general, de
una comunidad, lo que hace suponer una situación diferente en relación a
otros movimientos y da una fortaleza sin precedentes a su movimiento.
Por eso, junto a ellos participan personas adultas y niños, la mayoría
de los cuales son sus propios familiares. La represión, en esta caso,
tiende a aminorarse pues la policía vacila antes de obedecer a una orden
de ataque.
11. El método de la protesta está basado en la técnica ‘Gandhi’, es
decir, la ‘no violencia activa’ ―que defendiera, en Chile, celosamente,
Clotario Blest―, con la cual desarman psicológicamente a sus
adversarios. Porque, al protestar por sus derechos sin recurrir a la
fuerza, ponen de cargo del represor el empleo de la violencia
rebajándolo moralmente ante la comunidad nacional e internacional y
presentándolo como un sujeto incapaz de dialogar y resolver por esa vía
la raíz del problema.
12. Se trata de un ‘movimiento’, es decir, de una estructura social que
se forma cuando numerosas personas confluyen en busca de una finalidad
común, finalidad que no es cualquiera sino un anhelo de superación que
sólo puede expresarse de la manera que lo hace Alberoni. Y puesto que es
un movimiento, se encuentra en ‘estado naciente’, que
“[...] es una experiencia tanto individual como colectiva que genera un
nuevo tipo de acción social, una nueva solidaridad, una onda de choque
contra las estructuras establecidas y una voluntad de renovación
radical, una exploración de lo posible en la búsqueda de realizar
cualquier cosa […]”
13. Es un movimiento social organizado horizontalmente, no
verticalmente, con asambleas deliberativas, provistas de todo el poder
que les es propio y con capacidad plena e indiscutida de cambiar y
reemplazar a sus voceros por otros más idóneos, sin necesidad de
explicar por qué ni cómo lo hace.
14. Es un movimiento organizado por personas que colaboran entre sí, que
cooperan unas con otras, que complementan sus acciones, y donde están
ausentes los conceptos de competencia y autoridad. Los ‘voceros’ no son
‘ministros plenipotenciarios’ capaces de tomar acuerdos y decidir
contiendas.
15. Son movimientos ‘políticos’, aunque en determinadas circunstancias
no lo expresen, pues a pesar de iniciarse con limitados objetivos
gremiales, a medida que va transcurriendo el tiempo, van incorporando
otras peticiones que desembocan en abiertos planteamientos políticos.
Pero, fundamentalmente, lo son porque se plantean como fuerza organizada
frente al poder estatal, desafían la institucionalidad vigente y
amenazan con implantar una nueva. Desde este punto de vista, buscan
alterar el orden jurídico-político de la nación.
16. Constituyen la manifestación localizada de una toma de conciencia a
nivel planetario que comienza a gestarse como consecuencia de la nueva
fase que recorre en su evolución el SKM.
17. Incorporan el carnaval y la fiesta a las manifestaciones, con lo que
distienden la tensión natural que crea una marcha, una protesta, una
concentración. La represión vacila ante la alegría de los payasos que
acompañan a los manifestantes y ante las muchachas que danzan al compás
de la música.
EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL CHILENO
El movimiento estudiantil chileno posee todas las características enunciadas en el acápite precedente.
El movimiento estudiantil chileno, entonces, no es diferente a los
movimientos de los ‘indignados’ en otras latitudes del mundo. Todos
ellos responden a un patrón que es común: la necesidad que tienen las
clases dominadas de dar una respuesta a las nuevas formas de organizarse
que ensayan las clases y fracciones de clase dominantes en la nueva
fase que recorre el SKM. Y puesto que se desarrolla en Chile, posee las
características propias de la formación social chilena; no es fruto de
la historia de este país sino la forma histórica de cómo allí se
enfrenta este nuevo momento que enfrenta la sociedad humana a nivel
planetario.
Además de esas características anteriormente anotadas, debemos agregar
otra: el movimiento estudiantil de 2011 no es sino la continuación del
movimiento estudiantil de 2006; y del de 2008. Porque muchos de los
alumnos, hoy endeudados, participaron de las marchas estudiantiles de
esos años; en otras palabras, los endeudados de hoy son los estudiantes
de ayer que ven confirmadas sus sospechas y temores de antaño. Y así
vuelve a repetirse esta historia, con actores nuevos, en épocas
diferentes, con situaciones distintas, pero con el apoyo de quienes
lucharon antes por sus derechos; y que, de no haber solución a sus
demandas, volverá a repetirse.
Este movimiento no se ha dado con la misma intensidad en las otras
naciones sudamericanas; ocurre en Chile por varias circunstancias: la
nación del sur ha copiado exitosamente las recetas europeas,
especialmente, las de los países con mayores problemas sociales y mayor
corrupción como lo son Portugal, Grecia e Italia; pero con mayor
fidelidad, ha seguido las aguas de España. Responde, por consiguiente, a
lo que se ha dado en considerar en el carácter de ‘país emergente’.
EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL Y EL APOYO LABORAL
El movimiento estudiantil puede, sin embargo, agotarse. Y no por
voluntad propia, sino por otro motivo crucial: la falta de ayuda de los
demás sectores sociales. Esta falta de ayuda tiene su explicación.
Chile viene saliendo de una etapa de gobierno socialdemócrata en donde
fuertes burocracias sindicales y políticas tomaron la conducción del
país. Para poder impulsar sus proyectos de desarrollo realizaron un
consciente y deliberado trabajo para terminar con los movimientos e
institucionalizarlos a fin de hacerlos funcionales al sistema . A eso se
debió la formación de la Central Unitaria de Trabajadores, organización
superestructural controlada por la Democracia Cristiana y el Partido
Socialista, con dirigentes corruptos y alejados de las bases,
burocrática y pesada. No debe sorprender que escasas organizaciones
sindicales se hayan afiliado a ese engendro y no pocas centrales hayan
ido ofreciéndose como alternativa de unidad a los demás trabajadores.
Por lo mismo, uno de los pocos errores que pueden atribuirse al
movimiento estudiantil ha sido el intento de vincularse a la CUT en
agosto recién pasado, a sabiendas que levantaba de la tumba a uno de los
dirigentes intelectualmente más atrasados de la Concertación .
Una CUT dirigida por semejantes sujetos puede, en primer lugar, explicar
por qué los sectores estudiantiles no hayan recibido la ayuda de los
movimientos sindicales y que, en tanto las manifestaciones de los
jóvenes resultaban cada vez más exitosas, los llamados a paro nacional
de la central, por el contrario, terminaran en completo fiasco. Porque
no hay hoy quien represente naturalmente a los trabajadores en su
conjunto; la dirigencia de la CUT está por entero desprestigiada, no hay
unidad sindical y los pocos dirigentes representativos de
organizaciones activas (la ANEF, entre otras, representada por Raúl de
la Puente) no se comprometen por temor a quedarse solos en la lucha y a
las represalias posteriores. La posición de la ANEF debe entenderse, a
pesar que su presidente pertenece al Partido Socialista. Y es que bajo
los sucesivos gobiernos de la Concertación las brechas sociales que
separan a los sectores más ricos de los más pobres se expandieron hasta
alcanzar magnitudes impresionantes. Los trabajadores, que sufren una
aguda explotación, t esta es una segunda explicación, temen al despido a
pesar que sus sueldos puedan constituir una miseria.
Para quienes aún creen que en Chile hay ‘justicia social, el siguiente
estudio, publicado por el periódico ‘El Mercurio’ en la penúltima semana
de este mes, es elocuente:
1. Menos de $ 64.000 7,2%
2. Entre $ 65.000 y $ 136.000 14,1%
3. Entre $ 137.000 y $ 180.000 21,3%
4. Entre $ 181.000 y $ 250.000 18,2%
5. Entre $ 251.000 y $ 350.000 14,9%
6. Entre $ 351.000 y $ 450.000 7,6%
7. Entre $ 451.000 y $ 650.000 6,4%
8. Entre $ 651.000 y $ 850.000 2,7%
9. Entre $ 851.000 y $ 1.050.000 1,4%
10. Entre $ 1.051.000 y $ 1.250.000 0,9%
11. Entre $ 1.251.000 y más 1,5%
12. No encuestado (no responde) 3,9%
Así, pues, el 83% de los trabajadores chilenos gana menos de $ 450.000 .
Y un informe de 26 del presente indica algo peor: que el 60% de la
población laboral tiene ingresos que no superan los $ 250.000 . No
puede, pues, culparse a los trabajadores de no dar apoyo a las justas
demandas de los estudiantes cuando están preocupados tan sólo de su
propia sobrevivencia. Estos trabajadores mal pagados, este Chile de la
miseria es el que manda a sus hijos a estudiar, el que apoya sus
demandas, y lo hace en forma particular, en el carácter de padre o
apoderado, porque no tiene otro modo institucional de hacerlo. Por lo
demás, el temor a perder el trabajo es mayor que los anhelos de
justicia, especialmente luego de ser abandonados por los sectores que
parecían representarlos con mayor propiedad. La desconfianza ha hecho
presa de ellos. No creen en el sindicalismo ni en su dirigencia.
Podría pensarse, entonces, que la solución estaría en manos de los partidos políticos. Craso error.
PARTIDOS POLÍTICOS
Los partidos políticos se encuentran organizados en dos bloques que son
la Concertación de Partidos Por la Democracia y la Alianza Por Chile. La
primera coalición está atomizada, el Partido Socialista se ha separado
en numerosas fracciones y la presidenta del PPD Carolina Tohá no ve otra
solución al problema más que uniendo su partido con el PS y el PRSD .
Es decir, la solución de la ‘izquierda’ pasaría por una similar a la que
emplean las empresas para enfrentar las crisis, es decir, concentrando y
centralizando su capital; en este caso, la solución ‘de mercado’
propuesta por Tohá es la concentración y centralización de militancia
política.
La generalidad de los partidos disputan entre sí por llegar a ser la
‘vanguardia’ de la ‘clase obrera’ y de la sociedad en su conjunto; son,
por lo mismo, organizaciones altamente competitivas y estructuradas
empresarialmente. La generalidad de su dirigencia tiene tendencias
narcisistas. No debe sorprender que intenten suplantar a los movimientos
sociales en su rol de generadores de cambios dentro de una sociedad. No
parece de más recordar aquí las destempladas palabras y la
descontrolada reacción de Sergio Bitar en un programa televisivo,
durante el curso del mes de agosto, al ser emplazado por Francisco
Figueroa, vicepresidente de la FECH, en relación a la participación que
al ex ministro le cupo en la aprobación del Crédito con Aval del Estado
(CAE), principal causa que endeuda hoy al estudiantado chileno.
Un partido político, organizado a la manera que hoy sucede, muestra otra
característica: es la dirigencia quien elige a la militancia y no ésta a
aquella; y es que la militancia no es más que clientela política y no
tiene posibilidad alguna de hacer oír sus demandas al interior de la
colectividad. Y es que no existe ‘democracia partidaria’, sino
autocracia.
La política impulsada por ese tipo de organizaciones presenta, además,
un rasgo peculiar: el oportunismo. La llamada ‘izquierda’ ha intentado
incorporarse al movimiento estudiantil, participar en sus marchas, copar
sus entrevistas, a parecer junto a los dirigentes estudiantiles,
incorporarlos a sus filas, cooptarlos y, no obstante, ha sido rechazada .
Los partidos políticos están divididos y son incapaces de dar
dirección. Y es mejor que así sea. Los partidos políticos no le son
necesarios pues corresponden a las formas antiguas de organización y no a
la actual fase. No es casual lo que les sucede.
PIÑERA Y EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL
Un sector no despreciable de la ciudadanía parece creer que el
movimiento estudiantil ha sido dirigido contra el presidente Sebastián
Piñera, como representante natural de los estamentos dominantes de la
sociedad. Más específicamente, porque se le considera ‘de derecha’. No
coincidimos con esa apreciación que evidencia un total desprecio por la
teoría.
El presidente Piñera es representante natural de la clases y fracciones
de clase dominantes, sin lugar a dudas; pero eso, poco o nada quiere
decir. Porque la representación de las clases y fracciones de clase
dominantes puede ser natural y espuria, y no por eso deja de ser
representación; también, en ese sentido, la Concertación ha
representado, en su momento, a las clases y fracciones de clase
dominantes. Por eso el movimiento estudiantil la repudia a la vez que
repudia a sus dirigentes.
Sebastián Piñera, con todo, ha intentado notorios avances en materia de
consolidación y perfeccionamiento de la democracia, especialmente en
materias que la Concertación, aún teniendo mayorías en el Parlamento, no
pudo o no quiso hacer. Entre otras:
1. Presentación del proyecto de ley que incorpora a las Fuerzas Armadas
al Presupuesto General de la Nación y suprime el 10% que la Ley del
Cobre le asignaba en calidad de patrimonio de libre disposición. Las
Fuerzas Armadas, de aprobarse el proyecto, quedarían subordinadas a la
aprobación de dicho presupuesto; se encontrarían bajo la tutela del
Parlamento y no dispondrían de financiamiento propio como sucedía antes.
Sin lugar a dudas, la dictación de semejante ley constituiría un logro
en favor del fortalecimiento de la democracia.
2. Intento de controlar la actividad de la banca. El ministro Felipe
Larraín intentó controlar las utilidades de la banca en los primeros
meses a poco de asumir Piñera; no pudo hacerlo, pues se opuso a ello el
ministro de Economía, en ese entonces, Juan Pablo Fontaine, personaje
que, en las elecciones presidenciales de 2009, fue uno de los pilares de
la candidatura de Marco Enríquez-Ominami.
3. Abolición del 7% que la ley obligaba a pagar a los jubilados para
FONASA. Esta rebaja no operará en favor de los exonerados pues el
Parlamento, −deben presumirse incluidos los representantes de la
Concertación y del Partido Comunista−, aprobó la ley con esa limitación.
4. Presentación de un proyecto de ley destinado a suprimir el derecho
que tenían las hijas solteras de los militares a heredar un montepío a
la muerte de sus padres.
5. Un hecho notable de este Gobierno lo constituye el traslado del
cuerpo de Carabineros de Chile al Ministerio del Interior, que la
dictadura pinochetista dejó bajo la tutela de las Fuerzas Armadas.
6. Finalmente, la ampliación del postnatal para la mujer, período que ha sido extendido a seis meses.
No podemos decir aquí que la labor de Piñera y de su Gobierno, en estas
materias, haya sido motivada por su gran sensibilidad social. Es bueno
recordar aquí que la democracia es la forma normal de gobierno dentro
del sistema capitalista. En tanto más perfecta sea, mayores
posibilidades hay de realizar negocios. Por consiguiente, quien más
interesado está en perfeccionar la democracia es el sector que integran
las clases y fracciones de clase dominantes. Y Piñera es el
representante natural de todas ellas. Sólo en esta circunstancia ha de
encontrarse la razón de esos cambios. Si un vasto sector de la población
siente antipatía por él se debe a que su persona condensa todo lo que
implica ser clase dominante. Piñera no sólo representa a esos
estamentos: en la práctica y en la vida real lo es él, personalmente.
Por eso tal desprecio; y porque ese sentimiento es alentado y promovido
por una Concertación que se sigue planteando frente a su Gobierno como
la verdadera ‘izquierda’ y, por consiguiente, como la única alternativa
posible.
¿NECESITA EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL UN PARTIDO QUE LO DIRIJA?
Es frecuente escuchar en los círculos político-partidarios la afirmación
según la cual el movimiento estudiantil no tendría futuro pues no
existe tras él partido alguno que lo dirija. En efecto, la visión
tradicional de la política no acepta el actuar de movimiento social
alguno sin una dirección político-partidaria que lo guíe. Sin embargo,
un movimiento no tiene por qué tener un partido situado a sus espaldas.
Un movimiento es, en sí mismo, una organización social, como podría
serlo un partido, un sindicato, una agrupación musical. Puede, por lo
mismo, y sin lugar a dudas, tener objetivos políticos; nada se lo
impide. Es más: un movimiento debería tener objetivos políticos. E,
incluso, debería plantearse constantemente como alternativa al Estado y
fijarse un itinerario o un programa de acción para cuya realización
puede recabar el apoyo de la comunidad, sin necesidad de recurrir a la
ayuda de partido alguno.
Porque es sabido que los partidos se organizan sólo para dirigir; por
ende, su objetivo final es gobernar y, en consecuencia, colocar a su
militancia incondicional en cargos de dirección del Estado a fin de
conducir a la sociedad en su conjunto. No existe aún partido que se
aparte de esa línea. No existe aún partido alguno que se ponga al
servicio de las clases dominadas, que las apoye, que les proponga
soluciones, alternativas, modelos e impulse sus acciones y
reivindicaciones y coloque a sus organizaciones sociales a la cabeza de
los cambios. Menos, aún, el partido que, una vez obtenidos los objetivos
propuestos, se disuelva para integrarse al movimiento triunfante. Por
el contrario: los partidos quieren dirigir, manejar, mandar, disponer, y
contentar a su dirigencia con el goce de los sueldos más altos que
existen en la cúspide de la pirámide social. No existe, en suma, el
partido que tenga vocación de estar siempre al servicio de las demás, el
partido que, en el momento decisivo, esté dispuesto a renunciar a sí
mismo con tal de contribuir al pleno desarrollo del movimiento social,
el partido que no sea partido sino la voluntad colectiva manifestada en
forma de organización política. Digámoslo de otro modo: ¿qué partido, de
los que hoy existen, se atrevería a proponer que los sueldos de los
parlamentarios y de los altos dignatarios políticos se fijen en
plebiscitos? ¿Qué partido ha propuesto contemplar en la Constitución el
ejercicio de una acción popular para perseguir la responsabilidad de los
representantes políticos cuando éstos no cumplen con las promesas
empeñadas durante las campañas electorales? ¿Por qué ningún partido
propone terminar con la propaganda electoral y sustituirla por una
simple nómina que los servicios electorales envíen al votante indicando
quiénes son los candidatos y cuáles son sus propuestas? ¿Qué partido ha
propuesto exigir constitucionalmente, para dar validez de una elección,
la participación de, a lo menos, el 70% de las personas llamadas a
votar?
Por eso, el movimiento estudiantil chileno no necesita de partidos. Por
el contrario: requiere del apoyo de todos los intelectuales, actores,
músicos, pobladores, trabajadores, campesinos, padres y apoderados,
sectores religiosos, organizaciones de derechos humanos, organizaciones
deportivas, colegios, asociaciones gremiales, pequeños comerciantes y
pequeños empresarios, en fin. Necesita que todos les hagan llegar sus
visiones acerca de una nueva sociedad. Necesita que les hagan llegar
aportes, modelos, proposiciones. Necesita de personas que se pongan
incondicionalmente al servicio suyo a fin de dar soluciones racionales a
los grandes problemas nacionales que le ha correspondido conocer en el
transcurso de sus luchas.
Digámoslo con todas sus letras: nuestros estudiantes son los ciudadanos
del mañana, los que han de tomar en sus manos la conducción de toda la
sociedad; el movimiento estudiantil chileno necesita del apoyo de todos y
de todo para que sus exigencias políticas puedan alcanzar plena y
exitosa realización. Con mayor razón si ellas contemplan la solución de
problemas para las grandes mayorías nacionales, soluciones que los
partidos, los parlamentarios y dirigentes políticos han sido incapaces
de dar a lo largo de estos 21 años de democracia vigilada.
Santiago, septiembre de 2011
Alberoni, Francesco: “Genesi”, Garzanti Editore S.P.A., Milano, 1989, pág. 18.
Alberoni, Francesco: Obra citada en (1), págs. 15 y 16.
Durkheim, Emile: “Giudizi di valore e giudizi di realtà”, contenido en
“Sociologia e filosofía”, Edizione Comunità, Milano, 1963, pág. 216.
Alberoni, Francesco: Obra citada en (1), pág. 17.
Alberoni, Francesco:Obra citada en (1), pág, 44.
Véase el artículo intitulado ‘En el umbral de una nueva fase dentro de
la evolución del sistema capitalista mundial’, de diciembre de 2008.
Véase nuestro documento citado en (6).
En el programa ‘Estado Nacional’, de domingo 25 de septiembre de 2011,
el panelista Alfredo Joignant denunció que la Concertación, a lo largo
de sus sucesivos gobiernos, se dedicó sistemáticamente a destruir todo
movimiento social que intentara desafiarla.
La presentación de la vocera del movimiento y Arturo Martínez,
presidente de la CUT, fue deplorable, pues a esa fecha, el dirigente era
un cadáver político. Pocos días después, el mismo, comentando la
protesta de fines de ese mes, acusaría a los profesores de filosofía
hacer apología de la violencia con las siguientes palabras:
“A los cabros les llenan la cabeza de porquerías, para que salgan a
tirar piedras y hacer desórdenes […] Hay muchas universidades donde
algunos hacen apologías de que la forma de encarar los problemas de la
sociedad se hacen a peñascazos […]”
‘El Mercurio’, 25 de septiembre de 2011, sección Economía y Negocios, pág. B8.
Noticiario Central de 24 horas, Televisión Nacional de Chile, 26 de septiembre de 2011.
Véase ‘La Tercera’, 25 de septiembre de 2011, primera página.
Uno de los pocos casos de infiltración política en el movimiento
estudiantil lo hizo el diputado Carlos Montes en la marcha de
septiembre, siendo sorprendido por la TV.
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