MANUEL ACUÑA ASENJO. Santiago, julio del 2010
Introducción
Importancia del tema
La organización social. Estado y representación política
Por qué y para qué fue elegido Sebastián Piñera
Determinación estructural de las clases sociales
Clases sociales y fracciones de clase
Extracción de clase del presidente, carácter clasista y composición social de su gobierno
Estilo de gobierno bajo la presidencia de Sebastián Piñera
Privilegiar implica, también, separar
Sectores que representa el gobierno de Sebastián Piñera
¿Recomposición del Bloque en el Poder?
Consecuencias
Notas
INTRODUCCIÓN
¿Quién es Sebastián Piñera? ¿Qué representa él, como persona? ¿Qué
representa su gobierno? ¿Cómo puede definírsele, tanto a él como a su
administración?
Para el sujeto corriente, el gobierno que encabeza Sebastián Piñera es
un ‘gobierno de derecha’ y, para los más versados, un ‘gobierno
populista’. ‘Gobierno de gerentes’, ha expresado más de un medio de
comunicación, al respecto.
Estas afirmaciones no son del todo inexactas, si con ellas se pretende
identificar ciertos fenómenos sociales a través de nomotetias. Pero las
generalidades no bastan, sin embargo, para definir al gobierno de una
nación porque no explican su carácter de clase. Por el contrario, crean
una falsa dicotomía que distingue entre los buenos y los malos, los de
arriba y los de abajo, los de derecha y los de izquierda, contribuyendo a
aumentar la confusión. El establecimiento de un criterio de análisis
basado en una suerte de maniqueísmo político, induce, ineluctablemente, a
concluir que si el gobierno instalado por la Coalición Por el Cambio es
‘de derecha’, necesariamente ha de calificarse el que pudiera instalar
la Concertación como ‘de izquierda’ lo que es, por una parte, irreal y,
por otra, real. Es irreal porque no refleja el verdadero espectro social
de una nación; y es real porque representa exactamente la ideología del
modo de producción capitalista (MPK) que ofrece, apoyado en la teoría
de juegos, como únicas opciones para el ciudadano, la existencia de dos
bloques partidarios, alternativo el uno del otro, producto de la
concentración y centralización del espectro político que, por ello, se
adapta a las leyes del mercado. En esas condiciones, es ‘de derecha’
cualquier gobierno de la Alianza Por Chile y ‘de izquierda’ todos los de
la Concertación. No hay lugar, en modo alguno, para otras fuerzas o
coaliciones .
No nos parece acertado ese razonamiento, pues ignora el carácter de
clase de los movimientos sociales. Y el concepto mismo de ‘clase
social’. Un hecho sintomático que viene a corroborar nuestras
afirmaciones acerca de considerar errónea tal proposición es que, en el
caso chileno, quienes se sintieron realizados con los sucesivos
gobiernos de la Concertación no fueron, precisamente, los trabajadores,
los pueblos originarios, ni aquellos que sufrieron graves atropellos a
los derechos humanos; tampoco la gran mayoría silenciosa de la
población. Por el contrario. Fue el presidente de la Confederación de la
Producción y del Comercio durante el gobierno de Ricardo Lagos, Hernán
Sommerville, quien lo hizo, al declarar a la prensa con regocijo:
“Mis empresarios aman a Lagos”.
Reiteramos: esa frase no fue pronunciada por trabajador alguno durante
el gobierno del presidente Lagos. Ni bajo el de Patricio Aylwin, de
Eduardo Frei o de Michelle Bachelet; tampoco salió de labios de los
dirigentes de los pueblos originarios ni de las agrupaciones de derechos
humanos. Los gobiernos de la Concertación no representaron jamás los
verdaderos intereses de las clases dominadas; fueron tolerados por la
población porque no existía otra opción que ella pudiera tomar. Esa
circunstancia permite, en cierta medida, explicar el brusco fin que tuvo
la era de dicho conglomerado político, y el comienzo de otra, con
diferentes actores políticos.
Así, pues, definir el tipo de gobierno actual, determinar su naturaleza,
su carácter de clase, constituye un imperativo para el analista, a la
vez que una tarea no exenta de dificultades.
IMPORTANCIA DEL TEMA
Definir el carácter de un gobierno, sea éste democrático o de
excepción, tiene importancia, sin lugar a dudas; en el último de los
casos puede determinar, incluso, la forma de organización que han de
adoptar los partidos políticos interesados en ponerle término, para
alcanzar sus propósitos.
Tratándose de gobiernos democráticos, la determinación del carácter de
clase de un gobierno puede definir el rumbo de las elecciones, pues no
sólo facilita la univocidad del mensaje que ha de transmitirse al
electorado para conseguir su apoyo o repudio, sino para definir la
estrategia que ha de emplearse en tal caso. Y es que, en las elecciones,
la mayoría de los electores no vota por cuestiones de principios, sino
porque tiene fe en su candidato, y porque está convencida que su
elección va a ayudar a superar el estado de postración en que se
encuentra ese ente inmaterial que es el país, la nación, la Patria;
pocas veces lo hace porque tiene la certeza que tal o cual gobierno va a
resolver si no todos sus problemas, al menos los más urgentes. No actúa
de modo diferente a como vota quien, dando su apoyo a la oposición,
quiere castigar al gobernante que no dio satisfacción a sus
aspiraciones, a través del ejercicio del ‘voto castigo’; ni el que vota
atendiendo a la ‘pinta’ del candidato, o lo hace porque es ‘guapo’,
‘gente’, o tiene dinero, pues en la mente del elector ingenuo la persona
rica, al poseerlo todo, es incapaz de robar. Todo ese gran ejército de
votantes pocas veces se detiene a analizar el carácter de clase del
gobierno que propicia o al que da su apoyo. La creencia o el sentimiento
pueden más que la razón. El mensaje de la propaganda ha de llegar de
manera convincente a ese elector que piensa con el corazón.
Determinar el carácter de clase de un gobierno es importante, sin embargo, por otras razones.
1) En primer lugar, tiene importancia, para los que han hecho posible
ese Gobierno, es decir, para sus propios partidarios. Porque los
gobiernos representan intereses de clase determinados, lo que implica la
aplicación de políticas orientadas a beneficiar a uno o más sectores
sociales específicos, situación que no siempre se encuentra al
descubierto para la gran masa de votantes.
2) En segundo lugar, para quienes son sus opositores, pues éstos van a
saber con certeza que ese gobernante jamás va a defender sus intereses,
por más que lo asegure una y otra vez en sus discursos. Por lo mismo,
podrán determinar quienes, además de sí mismos, saldrán perjudicados con
la política del Gobierno; con ellos no les resultará difícil establecer
alianzas, pactos o convenios para salir al paso de las iniciativas
gubernamentales. Con esos mismos sectores, la oposición podrá establecer
una alianza más amplia y de mayor significación como lo es la eventual
candidatura de un representante de todos.
En ambos casos, la importancia de determinar el carácter de clase de un
gobierno dice relación con la política de alianzas, ésta, a su vez, con
la estrategia a elaborar y aplicar para llevar a buen término los
cometidos.
Antonio Gramsci, no obstante, sostiene que las clases dominantes, a
diferencia de las dominadas, entre otros rasgos, poseen absoluta
conciencia de su condición de tales. La importancia de determinar el
carácter de clase de un gobierno, a la luz de estas observaciones, sería
bastante relativa para los sectores dominantes; no así para los
dominados.
En efecto, las clases dominantes tienen conciencia de ser constructoras
(y mantenedoras) del sistema de dominación. Saben que basta con la
existencia de un gobierno dedicado a administrar el sistema para que
éste funcione a la perfección. No se requiere que ese gobierno tenga
conciencia de su propio rol; mucho menos que lo tengan sus estamentos
inferiores. Y es que, en tanto no exista otro con posibilidades de
reemplazarlo, todo sistema funciona, por decirlo así, en forma mecánica,
como empujado por la inercia. Queremos decir con ello que no
necesariamente los estamentos de un gobierno han de estar conscientes de
las propias funciones que deberán cumplir en el ejercicio de sus
cargos. Conciencia en el desempeño de funciones no es sinónimo de
conciencia de clase. Las clases y fracciones de clase que ejercen la
dominación no necesitan esforzarse mucho para lograr sus propósitos; sí
deben hacerlo las clases dominadas, que están obligadas a ello: de otra
manera no consiguen los cambios sociales en beneficio de ellas.
Determinar el carácter de un gobierno, para quien forma parte del mismo
es identificar los intereses de clase que ha de defender; y para el
adversario político implica desnudar los rasgos del sujeto social contra
el cual va a hacer oposición o, lo que es igual, determinar los
intereses de clase contra los que ha de enfrentarse.
Esta determinación, sin embargo, no puede hacerse sin el auxilio de la
teoría. Lo cual nos obliga a recordar, previamente, algunos conceptos.
LA ORGANIZACIÓN SOCIAL. ESTADO Y REPRESENTACIÓN POLÍTICA.
Las sociedades modernas, es decir, aquellas en donde predomina
ampliamente el modo de producción capitalista, se organizan bajo la
forma de Estado puesto que también aquel es un modo de dominación. El
estado es el conjunto social, sin lugar a dudas, siempre y cuando la
cohesión de sus súbditos sea hecha en forma coercitiva; la fuerza física
es el elemento central en la construcción de un estado. Por eso es
posible afirmar que el estado no es sino la organización social mediada
por la fuerza.
El modo de producción capitalista es un modo de dominación, un modo en
el que coexisten clases sociales, una de las cuales debería conducir en
su totalidad al conjunto social. Pero sucede que, bajo el MPK el capital
se fracciona en su proceso de rotación; reproduciendo ese fenómeno,
también las clases se fraccionan. Y un estamento que se divide es
incapaz de dirigir al conjunto social. Por eso, las clases y fracciones
de clase dominantes se reorganizan bajo la forma de un bloque que ejerce
la plenitud del poder. La estructura así construida se denomina ‘Bloque
en el Poder’.
La calidad de ‘sistema capitalista’ que tiene la moderna sociedad le ha
sido conferida por el ‘capital’, elemento que no podría generarse si no
existiese la doble categoría de compradores y vendedores de fuerza o
capacidad de trabajo. Pero esa categoría presupone la realización de un
convenio que pone en igualdad de condiciones (formal, por cierto) a
quienes participan en él, es decir, a los que compran y a los que venden
determinada mercancía que es la fuerza o capacidad de trabajo. Un
sistema económico basado en una presunta libertad para comprar y vender
no puede sino constituirse, jurídicamente, en una no menos presunta
igualdad social que permite a toda la comunidad elegir a quienes han de
representarlos en los estamentos políticos de la nación. La
participación de los diversos sectores sociales en la dirección del
Estado se realiza en virtud de la organización de corrientes de opinión o
partidos políticos que tienen como misión la representación de los
diversos intereses de clase de los ciudadanos. Las elecciones
periódicas, libres, secretas e informadas, para la generación de las
autoridades; la existencia de partidos políticos en el carácter de
corrientes de opinión, y la división tripartita de poderes (funciones)
en instituciones independientes constituyen, pues, el basamento teórico
de lo que hoy se conoce como democracia. Salvo que alguien desee
elaborar otra definición al respecto.
El sistema democrático de gobierno, en consecuencia, no es sino la forma
natural de funcionamiento que adopta el MPK. Cuando esa forma de
funcionamiento es amenazada, la democracia se suspende y un régimen de
excepción (o dictadura) la sustituye por el tiempo necesario que
requiere la supresión de la amenaza.
El sistema democrático funciona con representantes —llamados ‘actores
políticos’— que se desplazan por un espacio social cuyo nombre es, por
lo mismo, ‘escena política’; el gobierno —parte, también, de esa ‘escena
política’—representa la unidad política del Bloque en el Poder.
POR QUÉ Y PARA QUÉ FUE ELEGIDO SEBASTIÁN PIÑERA
A contrario de lo que muchos suponen, no fueron las cualidades del
candidato ni, mucho menos, las de la coalición que lo apoyaba, factor
determinante alguno de la victoria en las urnas de Sebastián Piñera
Echeñique. Por el contrario, el abanderado de la Coalición Por el Cambio
jamás destacó por poseer tales atributos; no era una persona
interesante, no mostraba mayor capacidad que los demás candidatos ni
poseía una atracción personal que le hiciera sobresalir; tampoco los
dirigentes de los sectores que lo apoyaban. Es más: no contaba,
siquiera, con las simpatías de sus propios partidarios, de gran parte
del empresariado ni de los más vastos sectores sociales. Piñera no
representaba, incluso, los intereses de quienes integraban su propia
base social. Estos antecedentes fueron destacados por nosotros en un
documento que entregáramos a la opinión pública en febrero de este año,
en donde señalábamos lo siguiente:
“A nuestro entender, más que ganar por méritos propios o de su alianza,
pareciera ser que Piñera ganó por la incapacidad de la Concertación de
imponer su candidato. Desde este punto de vista, podríamos decir que si
el candidato de la Coalición por el Cambio se impuso por sobre su
adversario fue porque, en primer lugar, enfrentó a una organización
desarticulada, conmocionada por disputas internas, dividida; en segundo
lugar, porque esta coalición desorganizada, desunida, había buscado
resolver sus contradicciones internas cometiendo tal cantidad de
desaciertos que volcó en contra suya a la opinión pública, permitiendo
su victoria. Digámoslo de otra manera: las acciones y/u omisiones de la
Concertación hicieron que Piñera ganara. Es la única explicación posible
a que una ‘coalición por el cambio’ se impusiese sobre su rival sin
especificar a qué clase de ‘cambio se refería. Porque tal ‘cambio’ jamás
fue definido en profundidad, cuando no fuese referido a los personajes
que dominaron la
escena política chilena desde 1990 en adelante” .
Fuese lo que fuese, Piñera ganó. Y es, hoy, el presidente de Chile.
Representa, en el desempeño de ese cargo, la unidad política del Bloque
en el Poder y, a la vez, la unidad política del Estado-Nación.
Sin lugar a dudas, Piñera fue elegido para cumplir ese rol. Es la
función que, por encontrarse establecida en forma implícita en el cargo
recibido, le corresponde desempeñar a todo presidente. Pero aquello pudo
haberlo hecho cualquiera, no solamente él, sino hasta, incluso, un
presidente de la Concertación. No obstante, para eso no se realizan las
elecciones; también éstas cumplen un rol. A ayudarnos en el empeño de
resolver esas incógnitas se nos hace urgente recurrir a la teoría.
DETERMINACIÓN ESTRUCTURAL DE LAS CLASES SOCIALES
Las clases sociales pueden ser determinadas estructuralmente. De la
misma manera, esa labor ayuda a determinar los intereses que los
diversos sectores, enfrentados en la ‘práctica política’, van a
defender. El proceso productivo colabora en tal sentido, pues explica
que la primera división estructural separa a los individuos entre
compradores y vendedores de fuerza o capacidad de trabajo; luego, en la
rotación del capital, separa a los primeros entre industriales,
banqueros y comerciantes.
No obstante, como vestigio de modos de producción antiguos persiste aún
la clase de los latifundistas o terratenientes que, asimilada al MPK,
bajo los sucesivos gobiernos de la Concertación, se fue recomponiendo
hasta alcanzar un poder de proporciones. Con la incorporación de este
estamento, tremendamente asimilado al modo de producción capitalista
como se ha dicho, podemos concebir la siguiente primera estructura de
clases para la sociedad chilena:
- la clase terrateniente o latifundista;
- la fracción burguesía industrial;
- la fracción burguesía bancaria; y
- la fracción burguesía comercial
Las clases y/o fracciones de clase pueden volver a dividirse
estructuralmente, según el volumen de capital que hayan acumulado, en
tres nuevos segmentos que son: grande, mediana y pequeña.
Poca importancia presenta dentro del Bloque en el Poder la defensa del
interés de las clases mediana o pequeña en donde una de esas clases o
fracciones de clase dominantes ha de imponerse. Así, pues, las luchas
que se dan al interior de esa estructura por el entero control de la
sociedad, crean un nuevo concepto que es el de hegemonía, es decir, el
predominio de todo tipo que una clase o fracción de clase dominante
ejerce sobre las otras dentro del Bloque en el Poder con la finalidad de
conducir a todo el conjunto social. Esta hegemonía rara vez queda en
manos de los medianos o pequeños empresarios que, constantemente, se
deben subordinar al interés de los grandes.
No insistiremos al respecto. Nos remitimos, en esta parte, a la clasificación que hiciéramos en otro de nuestros trabajos .
CLASES SOCIALES Y FRACCIONES DE CLASE
En la fase actual de la evolución del SKM, ejerce la dominación la
fracción bancaria de la clase de los compradores de fuerza o capacidad
de trabajo, en estrecha alianza con la fracción comercial; así ocurre en
la generalidad de las naciones del orbe. Se puede decir, con propiedad,
que quienes ejercen el control de la sociedad mundial son aquellos que
se dedican al comercio del dinero y de las mercancías. La estrecha
vinculación que existe entre los países y el sistema mundial hace que en
escasas oportunidades pueda imponerse, regional o localmente, algún
gobierno que no sea representativo de tales intereses. Así sucede,
también, con Chile. El gobierno que se elige no funciona
independientemente del sistema mundial. Podemos, por consiguiente,
señalar que el gobierno de la Coalición Por el Cambio no es una
excepción a la regla mencionada, de la misma manera que tampoco lo
fueron los sucesivos gobiernos de la Concertación. A pesar de ser
gobiernos diferentes.
En la clase de los compradores hay, pues, sectores que se dedican a la
producción de plusvalor, y sectores que lo hacen sólo para
comercializarlo o transferirlo a otros. En general, estos sectores están
vinculados a otros modos que complementan el modo de producción, a
saber, modo de distribución, modo de cambio y modo de consumo. Porque en
los sectores que realizan tales modos, dentro de la nueva fase que
recorre la evolución del sistema, se ha ido concentrando el control
social y la acumulación capitalista.
Los diversos estamentos de una sociedad se encuentran representados, en
la escena política de la nación, a través de partidos que pueden hacerlo
tanto natural como espuriamente. Representan naturalmente a los
sectores dominantes aquellas organizaciones políticas conducidas e
integradas, preferentemente, por individuos que pertenecen a los
estratos cuyos intereses están empeñados en defender; lo hacen
espuriamente las organizaciones políticas cuyos dirigentes no pertenecen
a la clase cuyos intereses defienden.
En Chile, la defensa del interés de todo el empresariado y, en especial,
el interés del gran capital, se encuentra, doctrinariamente, en manos
de las organizaciones Unión Demócrata Independiente UDI y Renovación
Nacional RN; la defensa del interés del empresariado y, en especial, de
los capitales medianos y pequeños, es realizada por varias
organizaciones que son el Partido Demócrata Cristiano PDC, el Partido
Radical Social Demócrata PRSD, Chile Primero y Partido Regionalista
Independiente PRI. Sin embargo, en la práctica, también se han planteado
como defensores de esos intereses los Partidos Socialista PS y Partido
Por la Democracia PPD. En estricta doctrina, la defensa de los sectores
asalariados debería estar a cargo de los Partidos Socialista PS, Por la
Democracia PPD, Humanista PH y Comunista PC. Sin embargo, ello no
siempre sucede. Y es que las clases sociales no constituyen categorías
estables, rígidas, sino se realizan en la llamada ‘práctica política’;
según sea la actitud que adopten frente a la defensa del interés del
capital —y, particularmente, frente a la clase o fracción de clase
dominante dentro del Bloque en el Poder— se presentarán en el carácter
de clase reinante, mantenedora o apoyo . A menudo, los sectores
sindicales, cuando dependen económicamente de la ayuda que reciben del
gobierno de turno, pierden su independencia, transformándose en los más
fieles sostenedores del sistema; adquieren el carácter de clase apoyo,
en su caso, como lo hizo permanentemente la Central Unitaria de
Trabajadores CUT durante los gobiernos de la Concertación.
EXTRACCIÓN DE CLASE DEL PRESIDENTE, CARÁCTER CLASISTA Y COMPOSICIÓN SOCIAL DE SU GOBIERNO
Sebastián Piñera Echeñique proviene del sector que, comúnmente, se
acostumbra a denominar ‘clase media alta’, forma usual, corriente, de
definir a la burocracia estatal y particular, en donde se hermanan
funcionarios de gobierno y factores de comercio o altos jefes de
empresas o servicios, tanto públicos como privados. Todos ellos, si se
les analiza estructuralmente, pertenecen al estrato de los vendedores de
fuerza o capacidad de trabajo (embajadores, ministros, jefes de
servicio, jefes de empresas privadas, en fin); no si se les enfrenta a
la ‘práctica política’: en ésta subrogan al comprador de fuerza o
capacidad de trabajo, se colocan en su lugar y realizan su interés, sea
aquel el estado o el empresario particular. Actúan en el carácter de
clase reinante o mantenedora; se hacen, por vocación, ‘compradores’ de
fuerza o capacidad de trabajo.
Procede, Piñera, de una tìpica familia demócratacristiana, de ex
servidores del estado ; él mismo es de defensor de tales ideas. No por
algo intentó atraer a todos los sectores vinculados a esa colectividad
que manifestaban su disconformidad con la línea de la Concertación y de
su candidato Eduardo Frei Ruíz-Tagle.
Es hoy, sin embargo, por sus actos y riqueza, parte de la gran burguesía
nacional fuertemente vinculada o ligada a la gran burguesía
internacional; dentro de ella, pertenece a la gran burguesía bancaria
(financiera) y a la comercial. Su fortuna se origina en disputas con los
propios sectores del empresariado, especialmente con Ricardo Claro a
quien, a través de discutibles maniobras, le ganó el negocio de las
tarjetas de crédito. Piñera estuvo mezclado en operaciones un tanto
oscuras —como la del Banco de Talca—, que le significaron enfrentarse
con sus rivales ante los tribunales; participó en un escandaloso asunto
de descrédito a la senadora Evelyn Matthei, y no ha tenido escrúpulo
alguno en negar públicamente haber adquirido empresas a través del uso
de información privilegiada (hubo escándalos en los casos de ENERSIS y
LAN). Jamás ha vuelto a referirse al inexplicable rapto de su hijo a
manos de sujetos (‘tíos’), presuntamente vinculados a la ex CNI,
oficialmente vinculados al llamado ‘Piñeragate’, caso de espionaje
telefónico que puso fin a sus aspiraciones presidenciales a principios
de la década de los 90,, aunque algunos analistas suponen cierta
vinculación entre este hecho y el conflicto de intereses que tuvo con
Ricardo Claro. Consultado, en 2009, sobre el particular por reporteros
de ‘El Periodista’ acerca de la presunta participación de miembros de
las fuerzas Armadas en el hecho, no negó tales afirmaciones, sino se
limitó a expresar:
“Es un tema de verdad que prefiero no hablar, porque produce mucha inquietud y angustia a mi familia”.
Se estima, además, que sus expresiones respecto de la senadora y el
asunto de las tarjetas de crédito con Ricardo Claro hayan sido el
detonante de su rompimiento con la Unión Demócrata Independiente,
organización a la que pertenecían tanto la senadora Matthei como el
empresario Ricardo Claro.
Piñera es, hoy, gran burguesía. Representa naturalmente a todo aquel sector en su persona y, por ende, a sí mismo.
La generalidad de los ministros y subsecretarios, jefes de empresas y de
servicios e intendentes que componen su gobierno no son personas
diferentes a él: provienen de las grandes empresas y consorcios
financieros o comerciales; también quienes han quedado en los
directorios de las empresas del estado o en su dirección. No se trata de
sujetos cualesquiera. Por el contrario: son individuos que se
desempeñaban, antes de asumir sus nuevos cargos, en el carácter de
gerentes, presidentes de empresas o consorcios empresariales, directores
ejecutivos o dueños de las mismas. Tal circunstancia les hacía
acreedores al privilegio de rentas bastante altas al momento de asumir
sus respectivos cargos gubernamentales. Es muy probable que las
remuneraciones fijadas para las nuevas funciones que hoy desempeñan,
inferiores a las que gozaron durante el período al servicio de la
empresa privada, sean elevadas, situación que llenará de gozo a
cualquier gobierno que suceda al actual; puede, también, que ello no
ocurra en forma abierta, sino de manera indirecta a través de aumentar
el monto de las granjerías establecidas para ellos o de crearles otras
nuevas. La procedencia de todos esos sujetos hará inevitable que, en el
desempeño de sus cargos, muestren una actitud benevolente en cuanto a
facilitar los negocios de los particulares con los organismos del estado
y a acelerar la privatización de algunos servicios, entre otros,
centros asistenciales y hospitales, y sectores del transporte
(principalmente, los ferrocarriles) que aún permanecen en manos del
estado. Queremos decir que la velocidad para la realización de este tipo
de operaciones aumentará con respecto a la que existía bajo los
mandatos anteriores. En cuanto a quién se adjudicarán esos servicios,
está de más decir que no será a grupos de trabajadores ni a eventuales
cooperativas. El robustecimiento de los sectores sociales que
representan, es decir, la gran burguesía bancaria y comercial ligada al
gran capital internacional, marchará en armonía con el robustecimiento
del capital. Raras veces realizarán actos ilícitos en torno al empleo de
fondos públicos para uso particular o personal; el gobierno de
Sebastián Piñera está compuesto de grandes predadores, no de gatos de
campo. Hay diferencias al respecto.
ESTILO DE GOBIERNO BAJO LA PRESIDENCIA DE SEBASTIÁN PIÑERA
A diferencia del gobierno anterior, que se apoyaba fuertemente en la
representación política, es decir, en los partidos políticos integrantes
de la alianza que hizo posible la victoria electoral, el de Sebastián
Piñera está caracterizado por un fuerte sello o estilo personal, en
donde esos partidos juegan un rol más bien secundario: quien decide, a
escala nacional, es el presidente; quien lo hace a escala local, es el
ministro, subsecretario o intendente, en su caso. El propio primer
mandatario no solamente tiene la honestidad de reconocerlo, sino
persevera en esa forma de actuar:
“A mí me gusta enfrentar los temas, encarar las cosas inesperadas, pero
reconozco que tengo que hacer un equilibrio entre lo que es mi esencia,
que no la voy a cambiar, con lo que es la solemnidad del cargo de
Presidente”
Esto no es una novedad: también el estilo de Ricardo Lagos fue de este
carácter. Por lo demás, la constitución heredada del régimen militar así
lo establece: el país ha de gobernarse como si se tratara de una
empresa en donde el gerente es el presidente de turno. Lo que sucede es
que este rasgo se destaca con mayor fidelidad hoy, bajo la nueva
administración. Además, hay un hecho adicional al que nos referiremos
más adelante: el gobierno de Sebastián Piñera no es el gobierno de la
Coalición Por el Cambio.
La adopción del estilo personal, sin embargo, no está exenta de
dificultades, pues la imagen de un mandatario puede verse seriamente
deteriorada si comete desaciertos y nadie se los representa. El
periódico ‘El Mercurio’ pudo constatarlo al consultar a otras
personalidades sobre el particular.
“[…] la mayoría expresa sus presunciones de que el estilo autónomo de
Piñera impide que acate todos los consejos de sus asesores […]”
Y, en otra parte, al referirse a sus exabruptos:
“Los desaciertos ocurrían principalmente cuando se le da espacio de improvisación como cuando dio vida a Robinson Crusoe”
La autonomía se transforma, a menudo, en fuente de conflictos cuando se
ignora la trascendencia que un conglomerado social tiene en la
generación de una autoridad. El gobierno de Sebastián Piñera no ha
estado exento de este tipo de dificultades.
“La obsesión del Presidente por mostrar independencia de los partidos a
la hora de designar a las autoridades de su administración está
generando inquietud en el sector” .
La administración Piñera presenta otro rasgo interesante que es el de
gestión. En términos empresariales, cuando se habla de gestión se habla
de realización, de ejecución. Esto no es casual. Durante toda la campaña
electoral los sectores que apoyaban a Piñera intentaron desprestigiar a
la Concertación acusándola de ‘falta de gestión’, es decir, no realizar
las obras, de no terminarlas a su debido tiempo y de haber transformado
al estado en un inmenso bolsón de trabajo para ‘operadores políticos’.
Uno de los más entusiastas defensores de la gestión ha sido el ministro
de Transportes Felipe Morandé quien, ya desde la tribuna que se le diera
en el programa ‘Tolerancia Cero’, de ‘ChileVisión’ (empresa de
televisión del propio presidente) no cesaba de repetir ese mensaje.
Gestión implica, no obstante, ejecutar las tareas empeñadas dentro de
un plazo determinado. Cumplir con lo aseverado dentro del plazo. No
implica hacerlo bien. Lo que interesa es realizar. Dejar establecido que
se ha actuado oportunamente ante una circunstancia o un hecho. La
entrega de las mediaguas a los damnificados por el terremoto y posterior
tsunami se realizó dentro del plazo fijado para ello. De la misma
manera sucedió con la puesta en funcionamiento de los colegios y
universidades, luego de la catástrofe telúrica. Ambas tareas, si bien se
cumplieron en los plazos estipulados, se realizaron con discutible
eficiencia.
Gestión significa cumplimiento de las promesas electorales.
Probablemente, esto se lleve a cabo. Pero no en la forma que el elector
cree sucederá. Así, por la vía ejemplificativa, si bien es cierto que
Sebastián Piñera prometió establecer el salario mínimo ético de 250 mil
pesos, defendido por la jerarquía eclesiástica, en la práctica ello
implica encarecer la mano de obra y transformar a Chile, para el
inversionista extranjero, en un país no rentable; de hecho, tal promesa
ha sido modificada: no se habla, así, de un ‘sueldo mínimo ético’, sino
de una ‘renta familiar ética’ por el mismo monto, lo que ya no es igual.
Algo similar sucede con la promesa de suprimir el impuesto del 7% de
FONASA para los jubilados. Eliminar un impuesto de esa categoría, en las
actuales circunstancias, implica liberar dinero que puede contribuir a
aumentar la inflación y a debilitar el sistema de salud, de por sí
bastante deteriorado. Entonces, para evitar la crítica opositora, es
probable que el gobierno cumpla con las promesas, pero a largo plazo, en
el tiempo futuro y por etapas, de tal manera de hacer realidad la
divisa propia de la gestión: ‘un gobierno que cumple’.
Desde este punto de vista, se explica que ciertos medios de comunicación
hayan empleado la expresión ‘gerencial’, en el carácter de metáfora,
para identificar al gobierno de Sebastián Piñera, pues la administración
de la nación presenta un fuerte rasgo empresarial, en tanto los altos
cargos gubernamentales, en su inmensa mayoría, son desempeñados por
sujetos pertenecientes al sector de las rentas más elevadas de la
empresa privada (gerentes, presidentes de directorios y directores
ejecutivos).
PRIVILEGIAR IMPLICA, TAMBIÉN, SEPARAR
El nuevo gobierno pareciera revelar variaciones en la composición del
Bloque en el Poder con respecto de aquel que existía durante los
anteriores gobiernos de la Concertación de Partidos Por la Democracia,
pero no es así. La clase o fracción de clase dominante que ejerce la
hegemonía al interior de ese Bloque sigue siendo la misma (gran
burguesía bancaria aliada a la gran burguesía comercial). La única
diferencia es que, bajo la nueva administración, se restringe en cierto
aspecto la influencia de la burguesía bancaria nacional a favor de la
internacional y disminuye la ingerencia que parecían tener ciertos
sectores industriales. Esto es importante. Porque el gobierno de
Sebastián Piñera, en virtud de ello, puede no ser considerado como
‘gobierno de la Coalición Por el Cambio’, sino uno de tipo personalista,
autónomo, independiente, pues no representa el carácter de dicha
alianza.
En efecto, la Unión Demócrata Independiente UDI y Renovación Nacional
RN, si bien privilegian a la gran burguesía bancaria en alianza con la
gran burguesía comercial como sectores hegemónicos dentro del Bloque en
el Poder, representan naturalmente a TODO el empresariado, no a un
sector del mismo, como lo hace el gobierno de Sebastián Piñera. Por su
parte, tanto el Partido Regionalista Independiente PRI como Chile
Primero se organizaron para representar a los sectores medios y pequeños
del empresariado nacional que han sido, precisamente, los primeros en
ser desplazados de la atención gubernamental. Mal podría decirse que el
gobierno de Sebastián Piñera los representa.
Los sectores más lúcidos de la UDI, encabezados por Joaquín Lavín (a
pesar de desempeñarse en el carácter de ministro de Educación) y Pablo
Longueira, sin dejar de reconocer la importancia de la gran burguesía
bancaria como fracción dominante al interior del Bloque en el Poder,
siempre defendieron a la totalidad del empresariado y no solamente a un
sector suyo. Por eso se autocalificaron de ‘aliancistas-bacheletistas’ y
no de simplemente ‘aliancistas’. Reconocían, en el fondo, el manejo
impecable que la Concertación hacía en cuanto a la protección del
interés del empresariado en su conjunto. No de modo diferente se
manifestaron, también, algunos sectores de Renovación Nacional, respecto
de los sucesivos gobiernos de la Concertación.
En este sentido, no está de más recordar la actitud del gobierno en
torno a la asignación de recursos fiscales para las grandes empresas
distribuidoras con ocasión del terremoto. Justifica con creces que, en
la práctica, se haya retirado el PRI de la Coalición, y que el 19 de
mayo pasado expresara, molesta, Alejandra Sepúlveda, militante de esa
colectividad y presidenta de la Cámara de Diputados:
“No tenemos pretensión ni interés de hacer alianzas con el gobierno”.
¿A qué se debe esa actitud si no a una evidente falta de
representatividad? Fernando Flores, ex mapucista, ex ministro del
Presidente Allende, senador, empresario, militante y organizador del
partido Chile Primero, que apareciera públicamente apoyando al entonces
candidato de la Coalición, a poco de instalado el gobierno, rechazó
terminantemente toda posibilidad de participar o colaborar con aquel. No
ha ocurrido de manera diferente con otros dirigentes empresariales.
Hernán Sommerville, que se desempeñara como presidente de la CPC durante
la era de Ricardo Lagos y, posteriormente, presidente de la Asociación
de Bancos, declinó sorpresivamente ser designado embajador de Chile en
China, en el curso del presente mes, lo que produjo honda repercusión
dentro de los círculos empresariales y en el propio Gobierno.
SECTORES QUE REPRESENTA EL GOBIERNO DE SEBASTIÁN PIÑERA
Con Sebastián Piñera llega al gobierno de la Nación el sector más
hambriento de plusvalor que existe dentro de la sociedad chilena, su
segmento más voraz. Este conjunto social, cuyos intereses dominan al
interior del Bloque en el Poder, odia el trabajo productivo. Jamás
instalaría una industria por los problemas que le acarrea, entre otros:
mantener existencia de materias primas, instalar galpones, maquinarias,
bodegas, guardar productos elaborados, transportarlos, lidiar con
obreros organizados en sindicatos, en fin; por el contrario, prefiere
acumular cifras, guarismos, cantidades, y desplazarlas digitalmente, a
cualquier lugar, por sobre la superficie del planeta. Este sector es el
que se dedica al comercio del dinero; constituye lo que algunos,
siguiendo las enseñanzas de Hilferding, denominaron —y denominan—
‘burguesía financiera’ y que, sin embargo, es la gran burguesía
bancaria, simple guardiana y administradora de plusvalor acumulado. Esta
fracción de clase no produce dicho plusvalor sino lo transfiere, ocupa o
maneja en calidad de préstamo a interés; vive, por consiguiente,
parasitariamente, del trabajo ajeno.
Pero, cuidado. No todo el sector de los usureros y comerciantes del
dinero ingresa con el nuevo gobierno a privilegiar sus intereses dentro
del Bloque en el Poder sino, preferentemente, el sector internacional y
los sectores nacionales ligados a éste.
En dicho segmento social se puede encontrar a los creadores y
propagadores del dinero cibernético (tarjetas de crédito), actividad a
la que es aficionado el propio primer mandatario, como lo señaláramos en
las páginas precedentes , a través de las empresas Bancard Inversiones e
Inversiones Bancorp ; también en este grupo se encuentran las
financieras, las casas de cambio, las instituciones aseguradoras y las
bolsas de valores.
Hay, no obstante, algo más. Una de las características del MPK es que
numerosas actividades que el ser humano realiza en su condición de tal
como lo son esparcimiento, recreación, diversión o vinculación con los
demás, se manifiestan en el carácter de actividades mercantiles. Algunas
de ellas han llegado a convertirse en grandes empresas comerciales.
Entre estas cabe señalar a los clubes deportivos, las empresas de
comunicación, los consorcios hoteleros, las empresas de transporte
marítimo, terrestre y aéreo, sea que se trate de personas o de cosas.
Los intereses de todas ellas se encuentran ampliamente representadas por
el gobierno de Sebastián Piñera, toda vez que es él mismo (o algunos de
sus ministros) quien ejerce sobre ellas el derecho de propiedad,
personalmente o por interpósita persona. Así, por ejemplo, sucede con el
transporte aéreo de personas (LAN), la televisión (Chile Visión), el
deporte del fútbol (Colo Colo), también entre otras. Los grandes
consorcios hoteleros internacionales, algunos centros de estudios
superiores (Universidades), las ISAPRES, los grandes almacenes y centros
comerciales y, fundamentalmente, el sector de la construcción o, lo que
se ha dado en denominar ‘industria de la construcción’ se encuentra
fuertemente representado por el nuevo gobierno, donde el propio
presidente tiene interés. No olvidemos que el primer mandatario era
accionista del edificio ‘Geocentro’, de la calle Amunátegui, que resultó
deteriorado con el terremoto. Por su lado, el intendente de Santiago,
Fernando Echeverría era dueño de la empresa Echeverría Ingeniería, dueña
de dos edificios en Concepción y uno en Santiago, que resultaron con
severos daños estructurales luego del megasismo. También participa del
negocio inmobiliario el intendente de Maule Rodrigo Galilea quien, a
través de la empresa de su propiedad ‘Galilea S.A., construyó la Villa
Galilea de Curicó, y cuyas casas se agrietaron durante el sismo
provocando fuertes protestas .
¿RECOMPOSICIÓN DEL BLOQUE EN EL PODER?
No hay, entonces, recomposición alguna del Bloque en el Poder, sino
intensificación en torno a la protección del interés de la fracción
hegemónica del mismo, a saber, la gran burguesía bancaria aliada a la
gran burguesía comercial. Existe, por consiguiente una leve disminución
en la importancia que se asignara a la gran burguesía industrial, a la
banca nacional y al latifundio, lo que genera descontento en esos
sectores. Esto es tanto más notorio cuanto la propia prensa, que debería
ser incondicional del mandatario, es la que promueve y propaga sus
chascarros y dislates. No olvidemos que fue el periódico ‘Las Últimas
Noticias’ quien dio a conocer el lapsus presidencial en donde confundió
los vocablos ‘maremoto’ con ‘marepoto’ , dando pie a que, como se hizo
con el presidente George Walter Bush, algunas personas comenzaran a
organizar una página en Internet dedicada a los ‘piñerismos’ .
Entonces, si nada ha sucedido en cuanto a la composición del Bloque en
el Poder ¿por qué se reemplazó al gobierno de la Concertación por otro?
¿Qué hizo posible ese cambio, más allá de toda otra consideración
teórica? La respuesta parecería estar en lo que se ha dado en denominar
‘autonomía relativa del Estado’. Tal vez. Sin embargo, pareciera ser más
acertado buscar tal explicación en el principio de autorregulación de
los organismos, principio que emplea con éxito la teoría del juego. De
acuerdo con ésta, un sistema que acepte sólo dos grandes bloques
políticos que estén disputándose, periódicamente, el gobierno de una
nación, establece un equilibrio social que, además, implica ‘ahorro’,
pues las autoridades no se desgastan en tratar con multitud de ‘títeres
estratégicos’, sino con grandes coaliciones. Pero en el ejercicio del
gobierno, esos bloques experimentan ciclos cuya vida puede prolongarse
en tanto cumplan con eficiencia la función social que les fue asignada.
Cada cierto tiempo, esa función social ha de medirse socialmente, el
período eleccionario se hace presente y, entonces, los bloques se
enfrentan en un juego suma cero en donde uno gana, lo que el otro
pierde. Cuando el bloque gobernante no cumple con las expectativas de la
sociedad, entendida ésta como expresión de las clases dominantes, se
produce la ‘alternancia’, su ciclo se acaba para permitir el comienzo de
otro: un nuevo bloque accede al mando de la nación, en tanto el bloque
gobernante es desplazado. El equilibrio social se mantiene en una
oscilación constante.
Un gobierno, entonces, no cambia, necesariamente, porque cambia la
composición del Bloque en el Poder, sino porque el conjunto social
estima necesario corregir determinadas prácticas. Porque el juego
electoral está basado en la actitud del elector corriente, no el que
estudia los comportamientos de clase. Las mayorías están compuestas de
electores corrientes que ven acciones censurables en el comportamiento
de los agentes políticos de acuerdo a la cultura impuesta por las clases
dominantes. En el caso chileno, la DC se había transformado,
precisamente, en el partido Radical de los años 50 que ella misma
incitara a desplazar del gobierno por corrupto. Tales prácticas se
estaban extendiendo peligrosamente a otros partidos de la coalición como
el Socialista y el Por la Democracia.
La Concertación, así, no fue marginada del gobierno de la nación porque
hubiere equivocado su misión de realizar el interés de la fracción
hegemónica del Bloque en el Poder. Por el contrario, fue una labor que
cumplió a las mil maravillas. La razón de su derrota estriba en que
traicionó la confianza que esa fracción hegemónica había depositado en
ella, dedicándose a realizar en beneficio propio toda clase de actos
ilícitos bajo la excusa de ayudar a los sectores más desposeídos.
Digámoslo de modo más directo: porque se dedicó a vaciar las arcas
fiscales en beneficio de la dirigencia de los partidos que conformaban
la alianza.
Bajo los sucesivos gobiernos de la Concertación, si bien es cierto la
fracción de clase que dirigía hegemónicamente al conjunto de clases y
fracciones de clase dominantes dentro del Bloque en el Poder era la gran
burguesía bancaria tanto nacional como internacional, no es menos
cierto que el trato hacia ambos segmentos era igualitario. Del mismo
modo, la industria nacional —agropecuaria, extractiva (minera), papelera
o forestal y de exportación de productos semi elaborados—, también
participaba activamente en el Bloque en el Poder y gozaba de ciertos
privilegios.
Bajo el gobierno de Sebastián Piñera, ese equilibrio se ha roto. La
industria ya no tiene la consideración de los gobiernos anteriores
cuando no sea la ‘industria de la construcción’, en tanto asumen la
conducción hegemónica del Bloque en el Poder la gran burguesía bancaria
internacional y el sector financiero nacional más estrechamente ligado a
aquella. La especulación ha podido llegar, así, a su apogeo.
CONSECUENCIAS
Las afirmaciones precedentes pueden explicar, en gran medida, las
disputas entre los partidos que conformaron la alianza denominada
Coalición Por el Cambio o, lo que es igual, las contradicciones entre
los sujetos políticos partícipes de esa coalición; explican, en
consecuencia, las contradicciones al interior de esos mismos partidos.
Por otra, pueden explicar, también, las contradicciones que se dan al
interior de la propia Concertación de Partidos Por la Democracia, que
buscó representar a todo el espectro empresarial del país para
arrancarle, como producto de ello y en beneficio de los sectores
sociales más empobrecidos, mezquinas conquistas económicas.
Pero, tal vez, lo más importante de ellas es que contribuyen eficazmente
a definir el carácter de clase del Gobierno; consecuentemente, desvela
las bases sociales y políticas que le sirven de apoyo. Para quienes son
sus opositores desnuda la fortaleza (o debilidad, en su caso) de la
coalición que le sirve de sostén. Y, más, aún, ayuda a fijar la política
de alianzas para los sectores opositores, a la que no nos referiremos
en esta oportunidad por razones obvias. Los conceptos han sido ya
entregados. Corresponde a los actores sociales su empleo para ese
cometido, entre otros, partidos políticos, organizaciones de base,
agrupaciones, instituciones, sindicatos. Como los testigos, en la fábula
de Esopo, de una hazaña que puede o no realizarse, preferimos repetir,
con Karl Marx:
“Hic Rhodus, hic salta”.
Estocolmo, julio de 2010
El parlamentario socialdemócrata italiano Norberto Bobbio escribió un
libro que lleva por título ‘Derecha e izquierda’, destinado a defender
el carácter de ‘categoría’ de tales palabras, aduciendo que poseen un
peso conceptual de proporciones.
Acuña Asenjo, Manuel: “¿Por qué ganó la Coalición Por el Cambio las
elecciones presidenciales en 2010?”, publicado en este medio, en febrero
de 2010.
Acuña Asenjo, Manuel: “La rebelión de los trabajadores forestales”, Editorial Senda/Senda Förlag I Stockholm, Stockholm, 2009.
Véase de Nicos Pulantzas su obra “Poder político y clases sociales en el estado capitalista”.
En la democracia cristiana coexisten elementos de ideas bastante
liberales como, asimismo, conservadoras. La familia del presidente no es
una excepción: ha contado con religiosos, como el obispo Bernardino
Piñera; ex servidores de la dictadura, como el ex ministro de Economía
de Pinochet José Piñera; personajes del mundo frívolo o del espectáculo
como Miguel Pîñera, etc.
Sepúlveda, Eduardo: “Reconozco que tengo que hacer un equilibrio”… ‘El Mercurio digital, 18 de julio de 2010.
Muñoz, Guillermo: “Seis mandamientos para cuidar la imagen presidencial”, ‘El Mercurio digital’, 11 de julio 2010.
Muñoz, Guillermo: Id. (6).
Arenas, Claudia: “La soterrada molestia que recorre a la derecha por
nombramientos de Piñera”, ‘El Mostrador’, 15 de marzo de 2010.
Agencia EFE: “Piñera declara 10,5 millones dólares…”, ‘El Mostrador’, 11 de abril de 2010.
Radio Cooperativa: “Las 25 sociedades en que participa indirectamente
Sebastián Piñera”, información de 11 de abril de 2010,
www.cooperativa.cl
Skoknic, Francisca y Figueroa, Juan Pablo: “Los vínculos de Piñera con
las empresas de los edificios dañados: los hombres del Presidente”,
www.ciperchile.cl, De acuerdo con este artículo, los vínculos se
extienden a otras personas como Carlos Alberto Délano, José Cox, Ricardo
Bachelet, entre otros.
Con ocasión a su vista a la isla ‘Robinson Crusoe’, del archipiélago
Juan Fernández, luego del tsunami que afectara a la población, confundió
Piñera el nombre del marino inglés Alexander Selkirk con el del
personaje de la novela de Daniel Defoe dándole vida a este último. En la
inauguración de la Feria del Libro, rindió homenaje a los escritores
fallecidos, incluyendo el de Nicanor Parra, que goza aún de buena salud.
En el discurso del 21 de mayo pasado, manifestó su voluntad de hacer
crecer a Chile de la misma manera que Checoslovaquia, país que no existe
desde principios de la década de los 90; al mismo tiempo, y
refiriéndose al éxito económico chileno, manifestó la conveniencia de
consultar a los chilenos sobre el particular quienes’más que
protagonistas, hemos sido testigos’. De visita en España para participar
en la Cumbre Latinoamericana, manifestó haber recomendado al primer
ministro español José Rodríguez Zapatero seguir ‘la receta de “hacer
dieta y ejercicio” porque tiene el problema del “sobrepeso”’. Sus
últimos desaciertos fueron con motivo del Campeonato Mundial de Fútbol,
donde no sólo se dirigió a despedir a la selección chilena y trató de
‘loco’ a su entrenador, sino declaró estar contento por los triunfos de
Chile sobre “Honduras y Grecia”, países con los cuales jamás había de
enfrentarse. El entrenador chileno estaba furioso, no sólo por el trato
del presidente hacia su persona, sino porque había solicitado al Colo
Colo, en ese entonces intervenido por Gabriel Ruíz-Tagle, incluir para
la selección chilena algunos de sus jugadores, recibiendo una negativa
del interventor. Ruíz-Tagle fue nominado Subsecretario de Deportes por
Piñera.
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